1. Confesiones de una viuda


    Fecha: 05/03/2023, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... Desde entonces no pude quitármelo de la cabeza. Me volvía loca chupándosela; me abrasaba las entrañas con su polla dentro. ¿No sé cómo no se dio cuenta? Pasé de ser una muchacha recatada a comportarme en la cama como una auténtica zorra.
    
    Después, con el muchacho escuálido del tercero. Sí, aquel jovencito que estaba en los huesos. Se frotaba conmigo en el ascensor siempre que podía. Yo le dejaba. Simulaba que no me enteraba. Más por caridad que por otra cosa. Hasta que un día colocó su bulto duro entre mis nalgas y empujó con insistencia. Me mojé. Involuntariamente, pero se me empaparon las bragas. Me dijo al oído que me iba a reventar el culo. Lo dijo sin contemplación, con esas mismas palabras. Desde aquel día me excitaba sentirme dominada como una sumisa. ¿Por eso cambié de idea y le pedí a Arturo que me follara por el culo?. La polla de ese joven fue la que me hizo sangrar las primeras veces y la que me provocaba escozores y dolor hasta que me quedó bien dilatado.
    
    Hubo también un hombre mayor, -unos setenta años debía tener- que se cogía el paquete cada vez que me cruzaba con él. O tal vez eran varios y a mi me parecían siempre el mismo. Un día me dijo que me la iba a meter en la boca, hasta la campanilla, y luego me la llenaría de leche. Era deliciosa, espesa, caliente y con un punto de amargor. A veces me la echaba en la cara y luego me obligaba a recogerla con los dedos y bebérmela. Ese me sometió a sus caprichos durante varios años, hasta que dejé de ...
    ... verle.
    
    Le pregunté a Arturo que si no le llamó la atención que de pronto me gustara apagar la luz del comedor por la noche y apoyarme en la ventana y mirar a la calle mientras me la metía. ¿Cómo me iba a responder?. Le dije que me lo enseñó el director de contabilidad de mi oficina. Me follaba el coño y el culo. Me amasaba y estrujaba las tetas y tiraba de mis pezones provocándome una mezcla de dolor y placer que anulaban mi voluntad y mi cuerpo se convulsionaba como el de una posesa. Arturo también lo disfrutó. Aquel cabrón de jefe me llevó a ser un coño dispuesto a cualquier cosa.
    
    Otro que hizo mella en mi, lo conocimos el fin de semana que fuimos al Delta del Ebro. Probamos las ostras por primera vez en aquella visita al vivero y a las bateas. El guía me susurró al oído que lo más parecido a una ostra es el coño de una mujer. Quería que me sentase sobre su cara y me lamería el chocho y el culo. Esa postura me mantenía completamente abierta y la lengua me entraba hasta el útero. Me corría varias veces con esas lamidas y no sabía dónde tenía más placer, si en el coño o en el culo.
    
    Hubo muchos más. No sabría decirte cuántos. Aventuras de un día. Me cruzaba con ellos en la calle, en el autobús o en el supermercado. Sus miradas lujuriosas provocaban en mi coño una reacción instintiva, incontrolable. Se me empapaban las bragas y mi vagina aspiraba hacia dentro con fuerza. Las bragas se me metían hacia dentro y a veces me bastaba con cruzar las piernas en el autobús para provocarme ...