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La vi crecer (Capítulo 5): Final
Fecha: 19/04/2023, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... no estuve por mucho tiempo… Lelu sonrió. Sus dientes blancos brillaban a centímetros de mi verga. Sacó la lengua, y la frotó en el glande. —Bueno, si querés andate a dormir. —dijo, y largó una carcajada histérica. —No grites, boluda —le recriminé, asustado. —Si no tengo mi lengua ocupada con algo, voy a seguir hablando y se me puede escapar algún grito. —Sos una hija de puta —le dije, y le di de comer mi pija, para que cerrara la boca. Con algo de rabia, la agarré de los pelos y le clavé la pija hasta que se enterró por completo. Mis vellos púbicos raspaban sus labios, su barbilla y nariz. Me golpeó la pierna para que parara, pero no dejé de castigarla hasta que sus mejillas se pusieron coloradas y sus ojos se abrieron desmesuradamente. —Pendeja atrevida. Ahora vas a ver cómo te castiga papá. Lelu, asustada y excitada, se dejó desnudar por completo. Se acurrucó en la cama, en posición fetal. Tapé su boca con la mano, y apreté con fuerza. Ella separó las piernas. Me acomodé y la penetré. Gimió, y el ruido quedó neutralizado por mi mano. Escuché un ruido que vino de no sé dónde. Dejé de penetrarla. Mis manos ...
... seguían apretando las mandíbulas de mi hijastra. Pensé que era el final de todo. ¿Cómo iba a reaccionar Carmen cuando nos viera ahí? ¿Qué excusas podía inventar en una situación tan comprometedora? Sentí pavor. Carmen podía llegar a matarme al enterarse de nuestra traición. El miedo me paralizó. Sin embargo, el tiempo pasó y no volví a escuchar ruido alguno. Miré a Lelu, quien movía la cabeza de un lado a otro, en un gesto de negación. —Creo que fue en la calle el ruido —dijo, cuando la liberé de mi mano. Nos miramos en silencio durante algunos segundos, y luego reímos al unísono. No sé si nos reímos de mi miedo, de nuestra traición, de la locura, o del hecho de que Carmen estaba durmiendo mientras yo estaba adentro de su hija. Pero esa risa nos unió más de lo que nos había unido tantos polvos furtivos. Le tapé la boca de nuevo, y la penetré una y otra vez. La cama hacía un leve ruido, pero algún riesgo debíamos correr. En ese momento decidí que no podía dejar de acostarme con Lelu. Iba a seguir haciéndolo, hasta que la mecha que se había encendido en algún momento de nuestras vidas, hiciera volar todo por el aire. Fin