1. Mi prima se viste de novia (Capítulo 4)


    Fecha: 24/04/2023, Categorías: Incesto Autor: Usuario PsyExA, Fuente: CuentoRelatos

    Cuando se calmó un poco, tomé la bolsa que había dejado en el suelo y la invité a pasar. La dejé luego sobre la mesa y volví a abrazarla. Detrás de ella y sobre el respaldo de una silla, había quedado su bombacha ensuciada completamente con mi semen. A pesar de los nervios que me generó imaginar la posibilidad de que la haya visto, pude actuar con rapidez: estiré un brazo, sin dejar de empujarla hacia mí con la otra mano que tenía en su espalda, tomé la tanga y la puse en su bolsa. Podría quitarla luego de allí, ahora lo importante era que no la viese.
    
    -Contáme que pasó, Ju. – le dije al ratito.
    
    Ella estaba destrozada, no recordaba haberla visto alguna vez así en toda nuestra vida. Me soltó y se sentó tapándose la cara, como queriendo ocultar su vergüenza. Un gesto habitual, cuando dar la cara no es algo tan simple.
    
    -Fabián me cagó. – dijo con esfuerzo, como buscando letra por letra entre su respiración. – Se cogió a una pendeja en su fiesta de despedida.
    
    La mente se me puso en blanco. No encontré ninguna palabra de aliento, nada que pudiera calmarla. Reaccioné unos segundos después. Fui hasta mi habitación, abrí el placard y busqué por todos lados algo que ya ni recuerdo qué era, pero que igual no encontré. Fui al baño, a la cocina y hasta abrí la heladera. Nada. Abrí las persianas del balcón y ahí si tuve suerte: tomé la escoba, la palita y el secador del piso y los miré. Descarte la escoba y la palita, tome el palo del secador y como si fuese un karateca en ...
    ... una película de los años 50, lo partí en dos con la rodilla.
    
    -Lo mato. – Le dije, agarrando las llaves y sosteniendo en mi axila las dos mitades del palo de madera que ya no servía para nada. – Esperáme un rato. Vos no te muevas de esa silla.
    
    Ella destapó su cara y me sonrió. Le di un beso en la frente y aunque me temblaban un poco las manos, logré acariciarla. Al abrir la puerta, mi prima me frenó.
    
    -¡Vení para acá, Rodrigo! – me gritó, poniéndose de pie. Me abrazó y volvió a sonreír tímidamente. – Pareces una lavandera recién despedida. – Finalizó, tocando la goma donde se pone el trapo, que había quedado enroscada todavía en una de las mitades.
    
    Me llevó de la mano hacia su silla, acercó otra y nos sentamos un poco más tranquilos. Estaba por preguntarle cómo lo sabía, cómo se había enterado, si él mismo se lo había contado, pero como por arte de magia, ella rompió el silencio primero.
    
    -Por eso te adoro, primo. – Volver a hablar la hizo, también, volver a llorar -Porque no necesitaste saber ni por qué, ni cómo, ni si estaba segura. Me creíste sin dudar ni un segundo.
    
    Me pidió la notebook y se la traje. Abrió su e mail y me mostró un mensaje.
    
    “Usualmente pido 15 mil dólares en Bitcoins por este tipo de información, pero me desperté amigable. Adjunto igual mi dirección por si cree conveniente realizar una donación”, decía.
    
    Debajo del texto tenía un link que llevaba a un post de Poringa y que contenía dos videos. En el primero, se lo veía claramente a ...
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