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Contención
Fecha: 06/05/2023, Categorías: Incesto Autor: Neko534, Fuente: CuentoRelatos
No lo podía creer... Isabel estaba en su cama, mirando el techo, tratando de organizar sus pensamientos... perdida entre las sensaciones de su cuerpo y los reproches de su mente. Era hija única, de una buena familia, lo que aseguro que tuviera toda la atención que necesitaba, aunque no precisamente de sus padres, que trabajaban todo el día, más bien de sus primos, tíos y en especial de sus abuelos, que casi siempre la cuidaban mientras sus padres estaban de viaje, pero sin lugar a dudas, su abuelo era su favorito. Gonzalo era un hombre robusto y alto, de mentón fuerte y ojos penetrantes, nadador por excelencia, lo que le había ayudado a forjar un cuerpo saludable y atractivo, el tiempo le fue cambiando su cabellera castaño claro a un manto de plata que le cubría la cabeza, no era pretencioso, por lo que nunca negó el paso de los años. Era un hombre de familia, pero su debilidad era su pequeña Isabel, esa hermosa infanta de cabello azabache y piel de marfil, que corría a abrazar sus rodillas (que era lo más lejos que llegaba) cuando lo veía, con ella pasaba horas y horas, jugando, conversando, enseñándole a nadar... lo que fue forjando una relación cercana entre los dos, en especial cuando su abuela falleció. Isabel al igual que su abuelo, se había convertido en una nadadora excelente, su cuerpo fue moldeado por el agua, de figura delgada y atlética, se había convertido en una mujer que robaba más de una mirada. Había tenido un par de amoríos de oficina Pero nada ...
... serio, enfoco su vida al trabajo y sus logros, temprano entendió que el amor era algo que iba y venía... a veces iba a ver a su abuelo, comían algo juntos o tomaban el auto e iban a una playa cercana a nadar, claro que por trabajo no lo podía hacer a menudo. Gonzalo enfermo, nada grave, pero debido a su edad, debía mantener reposo, Isabel se ofreció para quedarse con él y cuidarlo, no era tan complicado, ya que era verano y su trabajo no le demandaba tanto tiempo, además, no era una enfermedad grave, solo tenía que cerciorarse de que tomara sus medicamentos y de que no se moviera mucho, porque era orgulloso como él solo, no soportaba la idea de estar postrado. Así que Isabel llevo sus maletas y se acomodó en la habitación para invitados... fue como revivir su infancia... ese hombre sabia tantas cosas... era tan elocuente, cuando conversaban, ella lo miraba fijamente para no perder de vista ningún detalle de su rostro varonil, de los ojos amables y cándidos con los que la miraba, de su cabello blanco y brillante como la luna que coronaba su cara, ella solo se limitaba a mirarlo, a sentir su mano grande acariciándole el cabello, firme pero suave. Pasaron un par de días, el verano era implacable, lea faltaban aparatos para mantener una temperatura agradable, lo que obligaba a andar con lo mínimo de ropa en la casa, ella por lo general usaba calzas y una polera holgada, el pantalones cortos y polera... a veces él la miraba... miraba sus formas maduras... su piel pegada a la ropa ...