1. El primer orgasmo de tía Verónica


    Fecha: 06/05/2023, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    Relato contado en primera persona.
    
    Mi tía era la lechera de la aldea. Se llamaba Verónica y la apodaban La Solterona. Tenía 38 años, era alta, morena, algo gordita, con buenas tetas, buen culo y muy malas pulgas.
    
    Yo tenía dieciocho años y por follar ya follara lo mío.
    
    Eran las nueve de la mañana de un sábado del mes de agosto que prometía ser muy caluroso. Mi tía ya repartiera la leche. Me estaba esperando en la puerta de casa sentada en uno de los escalones que había en la entrada con una sierra en la mano. Al llegar a su lado me preguntó:
    
    -¿Desayunaste?
    
    -Sí.
    
    -Pues vamos al lío.
    
    A rato estábamos cortando troncos sobre un caballete. Ella tiraba de un lado de la sierra y yo del otro.
    
    Hablamos de mil cosas y mil veces le miré para las tetas.
    
    A las once de la mañana paramos para el bocadillo.
    
    Sentado a la mesa de la cocina vi como rellenaba dos barras de pan con mantequilla, lonchas de queso y anchoas. Al acabar de hacer los bocadillos los puso encima de la mesa. Le dije:
    
    -Yo no voy a comer todo eso.
    
    -Come hasta que te hartes.
    
    Cogió un garrafón de vino tinto debajo de la mesa, le quitó el tapón y le echó un trago. Bebía como un cosaco. Se sentó y le metió un tremendo mordisco al bocadillo. Creo que el trago largo hizo que se le soltara la lengua.
    
    -Mientras cortábamos la leña no parabas de mirarme para las tetas. ¿Andas salido?
    
    -Pensé que no te dabas cuenta de que lo hacía. ¿Te molestó que lo hiciera?
    
    -No, pero tampoco me ...
    ... agrado.
    
    Entré a saco.
    
    -¿Aún eres virgen, Verónica?
    
    Se endemonió.
    
    -¡La virgen se te va a aparecer a ti después de la hostia que te voy a meter!
    
    Cogí el garrafón y eché un trago.
    
    Me jugué el físico.
    
    -¿Lo eres?
    
    Mi tía seguía con cara de mala hostia.
    
    -¡¿A ti qué coño te importa?!
    
    -Es que si eres virgen, con lo cachonda que estás...
    
    A mi tía se le escapó una sonrisa.
    
    -Con lo fea y gorda que soy querrás decir.
    
    Tiré para delante.
    
    -¿Quieres estrenarte?
    
    -¡No te meto ya la hostia porque te necesito para cortar la leña!
    
    -Apuesto a que tienes más ganas de echar un polvo que de cortar leña.
    
    Le metió otro tremendo mordisco al bocadillo, y con la boca llena, dijo:
    
    -¡Lo que hacen algunos por no trabajar!
    
    -¿Quieres que te deje mirando para Cuenca o no?
    
    -¡Qué lengua tienes, condenado!
    
    -Tengo, en tu coño haría estragos.
    
    Mi tía ya echaba humo por las orejas con el cabreo que tenía.
    
    -¡Me voy antes de que ocurra una desgracia. -se levantó- Te espero fuera.
    
    Me levanté. Me puse detrás de ella. Le cogí por las tetas. Arrimé cebolleta y la besé en el cuello. Su voz se quebró.
    
    -Deja, déjame ir.
    
    Froté mi polla morcillona contra sus nalgas y le dije:
    
    -Deja que te lleve al paraíso.
    
    -Suéltame, -dijo, sin ofrecer resistencia- suéltame, pirata.
    
    Le metí la lengua en una oreja.
    
    -Déjate tú.
    
    -No soy una puta.
    
    Le seguí magreando las tetas y besado la nuca, el cuello y frotando mi polla ya empalmada entre sus nalgas.
    
    -Lo ...
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