1. El primer orgasmo de tía Verónica


    Fecha: 06/05/2023, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... sé.
    
    Mi tía, al excitarse, comenzó a sudar, su olor corporal era fuerte, olía como a mantequilla rancia. Le levanté el vestido y metí una mano dentro de sus bragas. Estaba empapada. Tapándose la cara con las manos, me dijo:
    
    -¡Qué vergüenza!
    
    -Es normal que te hayas mojado. Cierra los ojos y disfruta.
    
    Se separó de mí.
    
    -¡No! Soy tu tía.
    
    La volví a coger, esta vez por la cintura. Le giré la cabeza. Quise comerle la boca y me hizo la cobra. Le bajé la cremallera del vestido negro con flores rojas que le llegaba casi a los tobillos. El vestido cayó al piso de la cocina. Le quité el sujetador y lamí su espalda de arriba a abajo. Le quité las bragas blancas, que tenía una tremenda mancha de humedad. Agachado, le abrí las nalgas y pasé mi lengua por el ojete.
    
    -¡Uyuyuy, que maricón!
    
    Se lo follé con mi lengua.
    
    -¡Ceeerdo!
    
    -Apóyate con las manos en la mesa y abre las piernas.
    
    Hizo lo que le dije. Cogí la mantequilla, unté mi polla, luego le metí un dedo untado en mantequilla en el ano.
    
    -Uyyyy, que cochino.
    
    -¿Te gusta?
    
    -Más que el vino.
    
    Le froté en el ojete la polla mojada de aguadilla. Me dijo:
    
    -¡Oh, oh! No sabes, Quique, por ahí no es... ¿O eres maricón?
    
    La engañé.
    
    -Maricón perdido.
    
    Estaba tan cachonda que le dio igual.
    
    -Bueno, que se le va a hacer, sigue. Ya que estamos...
    
    Empujé y se la fui metiendo en el culo muy despacito. Al poco, su coño ya goteaba en el piso de la cocina. Sus pezones estaban tiesos y sus gemidos eran ...
    ... escandalosos. Apretándole las tetas y besándole la nuca, le pregunté:
    
    -¿Te gusta o te duele?
    
    -Me gusta y me molesta un poquito.
    
    -¿Te correrás así, Verónica?
    
    -Desde que me la metiste en el culo ya me estoy corriendo.
    
    En los años 70, en Galicia, las mujeres de la aldea no sabían lo que era hacerse un dedo, y muchas casadas llevaban años pensando que se corrían desde que sus maridos se la metían hasta que se la sacaban, (confundían los flujos que causaba su excitación con correrse) por no hablar de las que pensaban que solo se corrían los hombres.
    
    Cuando se la quité de dentro del culo no quedó muy contenta.
    
    -¿Y ahora qué?
    
    Le metí la lengua en la boca.
    
    -¡Qué asco!
    
    Le besé, lamí, chupé... Jugué con sus tetas un buen rato. Cuando me puse en cuclillas delante de aquel pequeño coño con una bella mata de vello negro, rizado, y la cogí por la cintura, vi que sus flujos vaginales le bajaban por las piernas y le llegaban a los tobillos. Abrí su coño con dos dedos. Estaba encharcado de mocos. Tan encharcado que no vi su vagina hasta que retiré los mocos con mi lengua. Mi tía, al sentir la lengua en su coño, comenzó a temblar cómo si tuviera frío. Le lamí el clítoris de abajo a arriba... De su garganta salió un gemido casi celestial. Supe que se iba a correr. Lamí rápido de abajo a arriba. Las piernas le comenzaron a temblar. De su coño salió cantidad de jugos. El placer era tan grande que se quedó sin voz. Quise sujetarla pero no pude. Cayó de lado sobre el ...