1. Mamá y su hijo. Al servicio de sus caprichos


    Fecha: 27/05/2023, Categorías: Confesiones Autor: elsabio, Fuente: CuentoRelatos

    ... tropecé a Gus, alto, moreno, con sonrisa de truhan y mandíbula fuerte, que estaba solo con los pantalones. Estaba muy marcado y trasteaba con el móvil en el pasillo.
    
    Él me sonrió y yo también, entrando de nuevo en mi habitación/despacho. Me miró las tetas, puesto que se me habían endurecido los pezones y pude sentir su deseo como si lo llevara pintado en la cara. ¿Les habría contado algo Víctor?
    
    Aquello quedó respondido cuando a los veinte minutos mientras yo estaba ensimismada escribiendo una escena, sentí a Víctor detrás de mí. Me abrazó, cogiéndome las tetas y me besó el cuello.
    
    —¡Vic! ¡Que están tus amigos!
    
    Ese fue el comienzo de aquel fin de semana.
    
    —Ya lo sé que nos están mirando. Les he invitado yo a mirar… y a participar si quieren.
    
    —¿Qué? —fui a levantarme pero me mareé ante las palabras de Víctor.
    
    —Escucha… Dijiste que harías lo que quisiera. Quiero esto. Quiero compartirte con ellos. Quiero demostrarles que mi madre es única, que es no solo muy sensual sino muy puta, qué es lo que me atrae de ti, qué es lo que eres capaz de despertar. Quiero ofrecerte a ellos —me susurró al oído.
    
    Yo empecé a sentirme como si estuviera borracha, pero no era negación, no era miedo… era excitación. Miré de reojo y ahí estaban los dos, el truhan de Gus y Óscar, con su cara de buen chico, rubiales y de ojos azules y chispeantes, los dos en calzoncillos.
    
    Víctor tiró de mi camiseta y obediente —y zorra— mente me dejé desnudar. Mi camiseta cayó al suelo, así ...
    ... como los shorts, y los chicos pudieron ver mi cuerpo desnudo mientras Víctor se frotaba contra mi trasero. Mis tetas, grandes y pesadas, los pezones duros, la areola ligeramente arrugada de la excitación, mi vientre solo un poco abultado y la raja de mi coño, el nido del deseo oscuro que sentían.
    
    Mi hijo me cogió los pechos con ambas manos, las estrujó, haciéndome gemir como una zorra, y empecé a respirar profundamente. Las erecciones de Gus y Óscar eran más que patentes. Fue este último el primero en acercarse, quitándose los calzoncillos. Tenía una buena polla, dura, arrogante, descapullada y con el glande rosado, las venas marcadas. Algo más fina que la de mi hijo. Por su parte Gus, al quitarse el calzón, dejó ver una erección tremebunda, dura pero cabezona, colgándole hacia abajo, era gruesa, bastante gruesa, venosa y con el glande rosa claro. Óscar, sin timidez alguna, tomó el pecho derecho que Víctor le ofrecía. Mi hijo, ofreciéndome a sus amigos, y yo, su madre, su puta, para complacerlos. Fue él el que me empujó a arrodillarme y atender esas tres pollas que me producían una sensación mareante. Óscar sabía fresco, limpio. Su polla estaba caliente y me palpitó un par de veces dentro de la boca mientras me la introducía casi entera. Gus tenía un rabo con un sabor más especiado, la piel algo más gruesa y su glande me ocupaba casi toda la boca hasta que pude tragarlo un poco más. Los masturbaba mientras atendía una de las pollas, acariciabas sus testículos y gemía con sus ...