1. Una monja se confiesa y acaba follando con el viejo confesor


    Fecha: 12/06/2023, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... calentita. Sentí tanto placer, tanto, tanto, tanto que acabé mordiendo la almohada. Es que yo cuando me corro, me corro cómo una perra, padre.
    
    -¿Y no le devolvió el favor, hermana?
    
    -No, no sabría. Fue ella la que me dio a mí más placer.
    
    El cura seguía pelándola.
    
    -Zas zas, zas...
    
    -¿Cómo?
    
    -Me dijo:
    
    -"Pon las manos sobre la mesa donde escribes -las puse-. Levanta el hábito -lo levante- Abre las piernas -las abrí-. Ahora cuenta."
    
    -Cogió mi cordón y me dio con él en las nalgas, y yo conté: Una, ay, dos, ay, tres, ay, cuatro, ay, cinco, ay, seis, ay, siete, ay, ocho, ay, nueve, ay, diez, ay.
    
    -"¿Quieres más?"
    
    -Claro que quería más, mi coño se estaba mojando de nuevo. Le dije: Diez más.
    
    -¿Tanto le gustaba que la azotara, hermana?
    
    -Sí, me excitaba. Sor Caridad besó y acaricio mis nalgas doloridas, me lamió, y me folló el coño con la lengua, luego, con tres dedos follando mi coño, volví a contar: Uno, ay, dos, ay, tres, ay, cuatro, ay que me corro, cinco, ay que me corro, seiseiseiseis- ¡¡¡Me cooorro!! Y me corrí, padre. Después me dio los dedos a chupar. ¿Sabía qué mis flujos son blancos cómo la leche?
    
    -¡Qué coño iba a saber!
    
    -Cuide su vocabulario, padre.
    
    -Si, como si tú estuvieses recitando poesía.
    
    -¿Ya nos tuteamos?
    
    -¿Estas caliente, Remedios?
    
    Le respondió con otra pregunta.
    
    -¿Te excité?
    
    -¡Sí, y de un momento a otro me corro!
    
    La monja se puso aún más cachonda de lo que estaba.
    
    -¡¿Qué has estado haciendo, ...
    ... José?!
    
    -Pecando, bonita, pecando.
    
    La monja se levantó, fue detrás del confesionario y vio al cura con la tremenda tranca en la mano. Se persignó.
    
    -¡¿Son así de gordas y de largas las pollas?!
    
    El cura le mintió.
    
    -Esta es de las más pequeñas, chula. ¿Me la chupas un poquito?
    
    La monja quería guerra, y le siguió la corriente al cura.
    
    -No sé hacerlo.
    
    -¿Sabes chupar un dedo?
    
    -Eso sí sé hacerlo.
    
    -Pues es lo mismo.
    
    La monja se arrodilló y metió la tranca en la boca, pero no era lo mismo chupar un dedo que una morcilla. Aunque ella chupó. De las comisuras de sus labios le salía aguadilla mezclada con saliva cuando el cura, la apartó, y le dijo:
    
    -Siéntate sobre mi polla, Remedios.
    
    La monja se asustó.
    
    -¡Me reventarías con esa cosa!
    
    -Ya verás cómo no.
    
    La monja estaba asustada, pero caliente cómo una perra. Contar lo del día anterior la mojara bien mojada. Se quitó las bragas y se agachó dándole la espalda al cura, que agarró la tranca en la mano y se la llevó a la entrada del coño. Le metió la cabeza, la monja cogió el hábito y lo mordió. Le entrara, pero tan apretada que daba miedo, pero al rato, con toda dentro lo que le daba era un gusto tremendo. Follaba ella al cura con su culo y parecía la locomotora de un tren.
    
    -"Chucu chucu, chucu..."
    
    Tiempo después se corrió cómo una cerda bañando la tranca del viejo, que a pesar de estar la monja como un queso, no se corrió, y no se corrió por que se le fue bajando. Ya casi fofa, se volvió a correr la ...