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Enloquecido con mi madrastra
Fecha: 14/06/2023, Categorías: Incesto Autor: DAMECANDELA, Fuente: CuentoRelatos
Mi nombre es Juan Manuel, tengo 27 años, y vivo en Córdoba, Argentina. Vivo con mi Ana, mi pareja, desde los 23 años. La relación con mis padres mejoró mucho cuando dejé de vivir con ellos, ya que la convivencia generaba muchos roces entre nuestras personalidades. Sin embargo, que yo me fuera de la casa también fue el detonante para que mis padres finalmente tomaran la decisión de divorciarse. Quedarse solos bajo el mismo techo hizo que tuvieran que enfrentarse el uno con el otro y asumir que su relación estaba muerta hacía ya muchos años. Mi madre se había mudado a un departamento no muy lejos de donde vivían como pareja, y mi padre se había quedado en la gran casa familiar. Yo trataba de mantener contacto frecuente con los dos, pero a veces se me complicaba, ya que trabajaba mucho y los fines de semana me gustaba aprovechar para pasar tiempo con mi novia. Además, tenía que buscar momentos para compartir con mi padre y con mi madre por separado, lo cual me requería el doble de disponibilidad. Sin embargo, yo estaba de acuerdo con su separación, por lo que trataba de encontrar el tiempo para estar con cada uno de ellos. Recientemente mi padre comenzó a salir con una mujer que había conocido en una reunión de amigos. Ya hacía varios meses que se veían pero él, que siempre fue muy reservado, se manejaba con cautela ya que quería asegurarse de que la relación iba en serio antes de contármelo. Hace poco más de un mes la conocí. Su nombre es Rosana y tiene ...
... alrededor de 50 años, un poco menos que mi padre. Es una señora de pelo castaño, no muy alta. No llama especialmente la atención, sino que es lo que uno imagina cuando piensa en una cincuentona promedio. Sin embargo, tiene cierto brillo y carisma que hace que no puedas ignorarla cuando habla o se mueve. Luego de habernos visto un par de veces en la casa de mi padre, Rosana comenzó a mostrar cierta cercanía hacia mí. Me contaba cosas, me preguntaba sobre mi vida, se había puesto cada vez más cariñosa, y me abrazaba al llegar y al irme. Lentamente esos acercamientos comenzaron a ser cada vez más intensos y cada vez más fuera de lugar. Rosana me buscaba y a mí me atraía, por lo que no podía evitar corresponderla. Ella buscaba quedarse a solas conmigo constantemente: bajaba a abrirme la puerta cuando llegaba (a pesar de tener llave, no la usaba cuando mi padre se encontraba en su casa porque me parecía mejor respetar su privacidad), me cruzaba en los pasillos, o me pedía ayuda con alguna cosa. En esas situaciones buscaba la excusa para tocarme sutilmente por encima de la ropa, me pasaba la mano casualmente por el pecho mientras me hablaba, me besaba sugerentemente en la mejilla al despedirme, etc. Esos intercambios con Rosana me estaban inquietando. Pensaba en ella muy seguido y me masturbaba fantaseando con ella. Incluso había llegado a tener sexo con mi novia pensando que era ella quien se encontraba allí. Esos pensamientos me daban culpa, y de vez en cuando se me cruzaba por ...