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Historia de una doble desvirgación
Fecha: 05/07/2023, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
Bibiana era la hija de un amigo mío, se moría por perder la virginidad. Al ser vecinos entraba y salía de mi casa cuando le daba la gana, y sabía cuándo y cuando no estaba mi esposa en ella. Eran las nueve de la mañana. Volvía de tomar una copa y de comprar el pan, cosa que hacía todos los días desde que estaba de vacaciones, cuando oí su voz. Venía de la habitación de matrimonio. -Hola, forastero. Fui a la habitación y la encontré sentada sobre la cama apoyada con la espalda a la cabecera, las piernas estiradas y cruzadas y en bragas blancas y sujetador negro. Exclamé: -¡Jodeeer! -A eso vengo, a que me jodas y me desvirgues. Bibiana medía un metro sesenta y no llegaba a los cuarenta y cinco kilos de peso. Su cabello era rubio largo y rizado, sus ojos eran azules, su nariz respingona, su boquita de piñón, sus tetas eran pequeñas, sus piernas delgadas, su cintura fina y sus caderas medianas. Era terriblemente sexy y lo sabía. Tenía una tarrina de mousse de chocolate en una mano y una cucharilla en la otra, metió una cucharadita de mousse en la boca, me miró, entornó los ojos, gimió cómo si fuese a tener un orgasmo, y después me dijo: -¿Estarás así de bueno? -Así de buena estás tú, Bibiana. Cerré la puerta detrás de mí. La polla se me puso dura y apareció un bulto en el pantalón. Al verlo me dijo: -Enséñame la picha. Saqué la polla empalmada, y exclamó: -¡Me gusta! Bajó un poco las bragas y echó una cucharadita de mousse de chocolate ...
... en el clítoris. Negro, me puso negro. Aquel coño, que tenía una mata de vello rubio, debía estar delicioso y acompañado de la mousse de chocolate mucho más. Se quitó el sujetador y echó mousse sobre sus areolas rosadas y sus pequeños pezones, después puso la tarrina y la cucharilla sobre la mesita de noche, y me preguntó: -¿Te gusta tu desayuno? Pasé la lengua por los labios y después le respondí: -¡Morado me voy a poner! Fui hasta la cama con la polla tiesa, cogí la tarrina encima de la mesita de noche, metí la polla dentro, la embadurné con la mousse, se la puse en los labios, la lamió y después la chupó hasta que se la quité de la boca. Le lamí la mousse de las areolas y los pezones, luego metí las tetas enteras en mi boca y las chupé. De las tetas pasé a lamerle el coño encharcado de jugos. Cuando creyó que le iba a lamer la mousse del clítoris, le di la vuelta, metí dos dedos en la tarrina, se los pasé por el ojete y se lo lamí y se lo folle con la punta de mi lengua. Gemía cómo una descosida. Le volví a dar la vuelta, le agarré el culo, le lamí el coño, le chupé el clítoris, lamí de un lado al otro, de abajo a arriba, y lamiendo alrededor, me dijo: -Me corro me corro me corro. ¡Me corro! Se corrió gimiendo cómo una posesa y sacudiéndose cómo un árbol azotado por un temporal. No le di tregua. Le clavé la cabeza polla en el coño, y de los gemidos de placer pasó a los de dolor. -¡Ayyyy! La saqué y se la volví a comer. Le metí la lengua y note el ...