1. Mi odiosa hermanastra (Parte 4)


    Fecha: 08/07/2023, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... tristes. Le di un beso. Nuestras lengas se entrelazaron bajo el agua. Hice movimientos circulares en su espalda, y bajé lentamente, encontrándome con las musculosas y carnosas nalgas enseguida. Pero seguí de largo, y metí el jabón entre sus piernas, masajeando los muslos. Mi dedo, también enjabonado, se resbaló y se enterró en su sexo. Florencia gimió y su cuerpo se contrajo. Besé su trasero. Con la mano con la que no estaba penetrándola, sostuve el jabón y lo pasé una y otra vez en medio de sus glúteos. Un dedo se perdió dentro del pequeño orificio del ano. Florencia pegó un saltito cuando se lo metí por completo, de un solo movimiento.
    
    Me paré, la agarré de la cintura y la atraje hacia mí. Mi verga, totalmente empinada se apoyó sobre su culo jabonoso. La ayudé a terminar de enjuagarse el pelo. La abarajé. Ahora el agua caía sobre los dos
    
    (Como si fuésemos uno solo)
    
    Florencia agarró mi mano y la dirigió hacia su entrepierna.
    
    -Ahí -dijo, indicándome que me concentre en el clítoris.
    
    Se lo masajeé, y cuando ella me lo pedía, lo apretaba con dos dedos. Florencia frotaba su hermoso orto con mi pija cada vez que gozaba con mis masajes. Estrujé sus tetas y pellizqué los pezones sin dejar de acariciar su sexo. Sentí en mi propio cuerpo cómo el cuerpo de Florencia se contraía. Al ratito largó terrible grito por el orgasmo que le acababa de sacar. Quedó toda agitada, abrazada a mí.
    
    -Quiero hacerte el orto -le dije al oído.
    
    No contestó con palabras. Apoyó las manos ...
    ... en la pared. Separó sus piernas y se inclinó.
    
    -Despacito, es muy grande para hacerlo por acá, si te digo que no la metas más adentro, no lo hagas. -dijo mi hermanastra.
    
    Ya estaba algo dilatada por el dedo con el que la había penetrado. Separé mis piernas y me paré firme, no fuera cosa que me resbalara y terminara accidentado en pleno garche. La agarré de las caderas. Apunté mi cañón. La verdad, que la cabeza de mi verga se veía muy grande en comparación al orificio en el que pretendía meterlo. Empujé. Florencia gimió. Empujé de nuevo. Me daba cuenta de que no estaba adentro suyo, el glande chocaba con el arito de cuero, y más allá de eso no pasaba. pero no quería lastimarla, así que tuve paciencia.
    
    Fue una tarea fina. Pasaron unos cuantos minutos hasta que le metí la cabeza. Una vez que logré eso, meterle unos cuantos centímetros del tronco no fue tan difícil. Florencia gemía cada tanto, pero la mayor parte del tiempo que duró la culeada, su expresión fue de dolor, o quizás de miedo a que la hiciera sufrir. M>e daba cuenta que el sexo anal era lo que menos le gustaba hacer, pero que lo hacía como una especie de agradecimiento, tal vez debido a que no le pregunté qué había pasado con el profesor. O quizás estaba tan vulnerable que era fácil hacerla acceder a cosas que normalmente no practicaba.
    
    Pero yo disfruté de ver cómo sus nalgas se separaban mientras mi pija se metía más adentro de ese culo de ensueño
    
    (qué cerdo)
    
    Acabé adentro suyo. Cuando saqué mi pija ...