-
Mona, mi ahijada, la hice mi mujer
Fecha: 10/07/2023, Categorías: Incesto Autor: Lobo Feroz, Fuente: CuentoRelatos
Pasión sin límites, primero con su madre, ahora desvirgar a la ahijada, la perseverancia tendrá su premio, tenerlas dispuestas en la misma cama. Mona, es la primogénita de mis amigos, su madre es una bella mujer capaz de despertar las tentaciones más atrevidas, me dejé ir y disfruto las pasiones prohibidas, tampoco soy un héroe estoico, me dejé arrastrar por la seducción de un par de tetas para el infarto de cualquier calentón, y revolcar en el deseo más abyecto que derribó los prejuicios de ser la esposa de un amigo. No sé bien quién llevó a quién a la cama, pero tuvimos un tórrido romance de verano, la ausencia temporaria del marido nos dio la oportunidad de tener casi tres meses para satisfacernos a gusto, revolcarnos, amarnos y coger a como diera lugar, sin importar dónde y cuándo nos encontrara el deseo. Con el regreso de su marido, perdimos la disposición de tiempo y oportunidad, los encuentros furtivos se fueron espaciando en el tiempo y amainando el fuego de lo prohibido. El tiempo siguió andando y su primogénita, Mona (Mo), creciendo con la herencia genética y la impronta del sentido erótico materna. Los modos y maneras seductores de su madre y sobre todo la insignia familiar, la opulencia de su pechos, habían puesto de relieve sus cualidades que cautivan a cuanto macho se le pone enfrente, precisamente sus cualidades físicas privaron sobre las prevenciones morales, nada importó que fuera su padrino para impedir que máquina del deseo trabajara a destajo, ...
... sobre todo cuando me recibía, abrazando de tal forma que me costaba disimular el reflejos físico condicionado por la turgencia de sus tetotas. Tanto era el magnetismo de sus pechos que me costaba quitar la vista de la voluptuosidad de sus “cositas”, en más de una ocasión me atrapó en la intención de comérmelas con los ojos, su complicidad al pescarme infraganti nos hacía partícipes de la misma transgresión prohibida. Trataba de conservar las distancias, ella de acortarlas, hasta que ella quien derribó las barreras de la prudencia, acorralado dentro del habitáculo del auto, se abalanzó sobre mí y me besó, ese fue el minuto fatal cuando se queman las naves, el inicio de un tórrido y pasional sentimiento enfervorizado y compartido. Nada más importaba, ni el vínculo familiar, menos aún la diferencia de edad, cualquier obstáculo era consumido por esta pasión arrolladora, con el argumento de la pasión quemando su sexo y haber alcanzado la mayoría de edad dos días antes se lanzó al vació, acurrucándose en mi regazo, frotando la formidable erección del pene que no podía dar crédito a aluvión pasional que nos encendía por dentro. Los encuentros, fugaces, eran aprovechados para amarnos a escondidas, el deseo apremia y el tiempo escaso no permitía más que esporádicos encuentros, pero el destino había movido sus hilos para enredarnos en nuestra propia telaraña, el verano próximo y la preparatoria para el ingreso a la universidad nos permitía algún momento para burlar la férrea ...