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Viuda reciente, madre caliente (Parte 1)
Fecha: 19/07/2023, Categorías: Incesto Autor: Azalais, Fuente: CuentoRelatos
Este relato es totalmente ficticio siendo mí personal “homenaje” al director de cine italiano Andy Casanova, para mí uno de los mejores directores de cine UnderGround de los últimos 30 años. El guion está basado en su filme La Vedova. Este relato tuvo lugar en Italia hace unos años, al fallecer mí marido, siendo aún joven y fuerte. Nos casamos siendo los dos muy jóvenes, estando enamorados el uno del otro. Vivíamos en un pueblo pequeño, muy tranquilo, en una casa alejada del pueblo con mucho terreno verde alrededor. El pueblo está cerca de Génova, a menos de una hora en coche. Yo siempre he sido una mujer de sangre y temperamento caliente, con carácter. Todas las noches buscaba a mí difunto marido, no haciéndome caso él, teniendo que conformarme con acariciarme yo sola, metiéndome los dedos hasta el fondo de mí hambriento coño, hasta correrme varias veces. Mí fuerte educación conservadora y religiosa, me cohibía para engañar a mí marido con un amante. De nuestro matrimonio nació Mario, un chico tan fuerte cómo su padre, era su misma estampa, muy bello, un hombre atractivo, seductor, que atraía las miradas de las mujeres. Desde hacía seis meses no estaba con ningún hombre, teniendo que tocarme todas las noches, hablándole a mí difunto esposo, diciéndole que le necesitaba, que me estaba volviendo loca, de no tenerlo a mi lado. Yo soy una señora atractiva, maciza con caderas apretadas, de muslos macizos y pechos medianos, muy tersos. Mi boca es de labios ...
... carnosos, que parece estar hecha para besar y chupar. Después de seis meses seguía llevando luto, por respeto a mí difunto esposo. En los pueblos pequeños de Italia el respeto a los difuntos es algo muy arraigado en la tierra. En la mesita de mí cama tenía una fotografía de mí difunto esposo, con la que hablaba a menudo. Una vez por semana iba al cementerio, en las afueras del pueblo para llevarle flores. Cuando sucedieron los hechos fue un sábado por la tarde del mes de agosto. Llegué al cementerio vestida con un traje chaqueta, con una falda de tubo ajustada a mis caderas, de color gris oscuro, con medias negras de cristal, aunque fuera verano me gustaba ir así bien vestida, con zapatos de tacón negros. Delante de la tumba de mí difunto, le conté lo abandonada que me había dejado, lo sola y perdida que me sentía, como le necesitaba a mi lado. —Paolo, se me hace muy duro seguir sin ti a mí lado. Me siento sola, perdida, abandonada, es una suerte que tenga a Mario, nuestro hijo me hace sentir fuerte y me apoya mucho. Mario, nuestro hijo, me lo da todo... Esa tarde al llegar a casa llamé a Mario por la casa sin dar con él, mientras le iba diciendo —Mario ¿dónde estás tesoro? ¿Cuánto hace no vas a ver a tu padre? ¿Mario? Recorrí todas las estancias mientras me quité la chaqueta del traje falda. Abrí el baño, llamándolo con un susurro desde fuera antes de abrir la puerta. —¿Mario...? —Lo encontré duchándose mientras lo observaba con la puerta entornada, apenas ...