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Encuentro en un café
Fecha: 21/07/2023, Categorías: Gays Autor: Tani98, Fuente: CuentoRelatos
... ombligo; me acerco. Tú querrás que vaya más rápido, pero yo te haré sufrir. Recorreré con mi lengua tus ingles, y la base de tu babeante pollita. La tendrás dura como una piedra. Lentamente, en un agónico paseo triunfal recorreré toda la longitud del falo con la punta de mi lengua, por debajo, desde el escroto hasta la punta del glande. Una vez allí, como una montaña rusa que termina su lenta subida, descenderé introduciendo todo tu pene en mi boca, arrancando un brutal gemido de tu garganta. Sellaré mis labios alrededor de la base y sentiré las palpitaciones de tu verga en mi boca. Te la chuparé como no te la han chupado jamás, subiendo y bajando lenta pero enérgicamente, con cambios de ritmo, introduciéndomela de tanto en cuando, tan profundo, que estaré al borde de las náuseas, mientras tu pones tus manos en mi nuca y te deshaces de placer gimiendo como si fueras a morir. Entonces subiré hasta tu glande y me entretendré alli, chupando y lamiendo tu brillante glande, que pedirá a gritos descargar su pesada carga. Pero aún no. No te dejaré. Entonces con mi lengua jugaré con tu frenillo, recorriéndolo de arriba abajo, metiendo la puntita de la lengua por la uretra, mientras con la mano te hago una vigorosa ...
... paja. En ese momento, cuando tu ya no puedas aguantar más, me meteré tu glande en la boca y lo apretaré con mi lengua contra el paladar, para inmediatamente volver a metérmela toda en la boca hasta el fondo. Sentiré como entre las convulsiones de tu pene, el semen se abre paso hacia arriba, al tiempo que me aprietas la cabeza forzando un poco más tu polla dentro de mi garganta, hasta que tengo una arcada. Yo sentiré tu caliente esperma derramándose en el interior de mi boca como lava de un volcán incontenible. Me retiraré entonces lentamente con la boca bien llena de tu semen, para liberar tu exhausta verga, para, con un sencillo movimiento, tragármelo todo mientras te miro a los ojos. Carlos estaba congelado en su silla mientras me miraba con los ojos muy abiertos. — ¿Estas bien?— murmuré preocupado tras unos segundos. —Vámonos a mi casa— dijo cogiéndome de la mano y levantándose decidido de la mesa, sin parase a pensar en la tremenda erección que abultaba sus vaqueros y que no pasó desapercibida para casi nadie en el bar, donde la gente se giró para mirarnos entre risitas y susurros, y alguna que otra cara de desaprobación. Me importaba muy poco, iba a follarme a Carlos, y a quedarme bien a gusto.