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La empleada doméstica
Fecha: 21/07/2023, Categorías: Gays Autor: Sasha Marcela, Fuente: CuentoRelatos
Mi nombre es Sasha Marcela, soy travesti y tengo 31 años. Trabajo como empleada doméstica en un chalet a las afueras de Madrid. Siempre me gustó servir y hacer las labores de casa, así que en cuanto vi un anuncio de que una familia adinerada necesitaba de una chica para hacer de interna me presenté en la dirección que daban. Aquello no era sino la oficina del señor. Al recibirme quedó bastante conforme conmigo y para evitar futuros disgustos le mencioné sobre mi orientación y que no era una chica, sí que me vestía como tal pero que en realidad era homosexual. Ante mi sorpresa, Don Jorge estuvo encantado y me confesó que con su esposa apenas si tenían intimidad. -Si tú estás de acuerdo -dijo mientras marcaba en su móvil- el trabajo es tuyo y mi polla también. Mi sorpresa fue grande al escuchar que hablaba por el teléfono con su mujer y le decía que ya tenían chica y que estaba muy contento conmigo, que era lo que estaban buscando... Al acabar la llamada, Don Jorge se puso en pie y pude gozar de su tremendo porte a mis espaldas. Me tomó por los hombros y algo coqueto me preguntó si estaba de acuerdo con ser su "putita". La verdad, necesitaba el trabajo y por qué no -me dije para mí misma- de un buen semental que me reventara. Pero estaba bastante nerviosa y me quedé tensa hasta que él comenzó a restregarme su verga por la espalda y a bajar sus manos hasta mis tetas falsas y mi rabo que estaba tomando grosor. Comencé a transpirar y Don Jorge se soltó el cinturón, sus ...
... pantalones cayeron a los tobillos y noté su polla dura en mi axila. -¿Me la quieres chupar? -dijo sensual- Yo sé que sí, que la quieres, ven -me tomó de los brazos- y poniéndome en pie, me giró hacia su cara. Me apretó por el culo y me metió la lengua en la boca. El señor estaba de muy buen ver y no aparentaba los 59 años que tiene. Yo lo agarre por la cintura y él me hizo cogerle la verga. Eso era enorme y súper venosa, estaba toda descapullada y al tenerla en mis manos, él la movió hacia atrás y hacia adelante para que se la masturbara. Mi instinto de mujer hizo que automáticamente hincara mis rodillas en el suelo y chupase su verga dura con deseo y necesidad. Le di besitos en la abertura y metí la punta de mi lengua. Luego tragué todo lo que pude y empecé a mamar con ansiedad. Don Jorge solo resoplaba y se retorcía con el cosquilleo de mi lengua y labios al succionarla. Hacía meses que no me follaban y tenía hambre. Al sacármela de la boca fui a por sus gordos huevos y los chupé, uno, otro y los dos. No dejé de pajearle hasta que mirándolo desde mi posición se lo pedí. -¿Le apetece al señor darme por el culo? -pregunté tímidamente- No me importaría tener una belleza como la suya dentro de mí. Es más, -dije ya toda salida- para mí sería un honor que me lo preñara... Don Jorge se quitó por completo los pantalones y fue hasta la puerta, pasó el seguro y regresó. Yo me incorporé y fui hasta el sofá de piel, me levanté la faldita y ladeé el tanga rosa que después tuve ...