1. El taller de mi suegro


    Fecha: 31/07/2023, Categorías: Incesto Autor: Manpaz, Fuente: CuentoRelatos

    ... pero luego comencé a sentir un intenso placer que se acrecentaba con los bocados que me daba en los pezones. Yo no sabía que se podía gritar tanto de gusto antes de correrme, lo que hice al tiempo que mi suegro. Éste se quitó el condón y me enseñó la gran cantidad de leche que había en él. "Mira lo que te pierdes por ser virgen y no tomar anticonceptivos" me dijo, para continuar diciendo "pero mi leche dentro te la llevas hoy".
    
    Me dijo que se la chupara para volver a empalmarse y mientras cogió un tarro de vaselina que había preparado y comenzó a echármela por el culo. "¿Me la va a meter por ahí? Me va a doler" le dije. Pero él no hizo caso y me ordenó ponerme a cuatro patas. Yo obedecí y él comenzó a entrar poco a poco sin condón hasta que la enorme verga estuvo dentro por completo. De nuevo sentí el éxtasis de su penetración y tuve la magnífica sensación de notar su leche entrando en mi cuando se corrió.
    
    Me dijo que teníamos que aprovechar que estábamos en el taller y divertirnos. Así, me llevó hasta una especie de grúa que me dijo era para sacar los motores de los coches. Allí me izó los brazos sobre la cabeza, los ató juntos por las muñecas y puso el gancho de la grúa en la cuerda y poniendo esta ven marcha me ...
    ... levantó unos 20 centímetros del suelo, al que no llegaban mis pies. Luego ató a cada uno de estos unas pesas que tiraban de mí hacia abajo.
    
    "¿Quieres que te azote y mezclas dolor y placer?". Yo estaba tan llena de placer que le dije que sí. Me advirtió que durante unos días tendría marcas, pero que al ser invierno nadie tenía por qué verlas bajo la ropa. Entonces cogió una cosa que me dijo que era una correa del motor y la cortó por uno de los lados ovales de sus extremos. "Elige" me dijo, mostrándome la parte lisa y otra con pequeños salientes como dientes. Ni que decir tiene que me di cuenta que la de los dientes dolería más y por eso mismo la escogí. Entonces empezó a azotarme. Fueron ocho o diez latigazos que, curiosamente, me hicieron correrme por el dolor, algo que yo no me explicaba.
    
    Mi corrida lo puso a cien y manipuló la grúa de manera que mi vagina quedara a la altura de su gran polla, enfundada de nuevo en el condón que yo hubiera deseado no usar. Fue una follada salvaje que nos dejó a los dos exhaustos. Me descolgó de la grúa, nos duchamos en los vestuarios del taller y me marché a casa.
    
    Y mi novio sigue sin follarme, pero su padre lo va a volver a hacer esta semana. Estoy deseando que llegue el momento. 
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