1. El huaso


    Fecha: 05/08/2023, Categorías: Confesiones Autor: Vinamarino1960, Fuente: CuentoRelatos

    ... turno de mañana por tercera vez saliendo de un turno de noche, es decir, había avisado tres veces que iría a doblar por lo que no volvería a casa hasta pasado el mediodía. Se iba al atardecer y no volvía hasta pasado el mediodía del otro día. Era solo cosa de esperar. El practicaba la pesca en ese río de su provincia, ese el más largo del país y que causaba risa cuando él lo decía, porque por la ciudad pasaba como un simple riachuelo y en algunas partes como acequia, según los entendidos. Como buen pescador, sabía que debía elegir el mejor lugar, la mejor carnada y tener mucha paciencia hasta que el pez se comiera la carnada completa.
    
    Se ubicaba frente a su casa a observar, a vigilar, a esperar a que llegara la presa. Y tenía paciencia. Permanecía inmóvil horas y horas mirando directamente a la casa desde un lugar donde no levantara sospechas y donde no lo pudieran ver. Sabía que ese era el horario que elegían para verse. Lo dedujo. Ella quedaba sola, pues la hija se iba al colegio, así que era el momento propicio. Y tenía que ser allí en su propio hogar, pues donde quisiera ir ella fuera de la casa, lo hacía con él o con su hija.
    
    Vio llegar el auto. Se estacionó cerca donde estaba el y se tuvo que ocultar rápidamente para no ser descubierto. Del auto se bajó el conductor, el flaco de 25 años, se bajó el amante de su esposa. Pero inmediatamente se abrió la puerta del copiloto del auto y bajo otro joven de edad parecida o un poco más joven y salieron caminando rauda y ...
    ... sigilosamente hacia la casa, su casa. Eran las 08:45 h. Todo coincidía según sus cálculos. Su hija ya debía haber tomado el furgón que el pagaba y que la pasaba a buscar por la puerta del patio, pues había otra amiga que se subía al mismo furgón y vivía al frente de ellos.
    
    Dejo pasar un tiempo prudente. ¿Que era tiempo prudente se preguntaba el?, sobre todo si sentía que cada segundo era un año y cada minuto que pasaba un siglo. La perra ya no se apareaba con uno solo, no le era suficiente. Ahora quería dos. Por eso que dudaba para poder saber cuál era el tiempo prudente para que el señuelo fuese comido completo y poder tirar la caña de pescar. Lo definió en media hora.
    
    Palpo el objeto cilíndrico de hierro que llevaba en un bolso de cuero que usaba para llevar su vianda al trabajo. Ahí estaba su instrumento justiciero. Ahí estaba la sentencia de su destino. Ahí estaba el empujón al precipicio. Caminó decidido hacia su casa. Abrió con calma y sigilosamente la puerta de entrada. No quería sorpresas para nadie. Camino rápido, raudo y casi a ciegas los pasos para llegar a su dormitorio, el dormitorio matrimonial. Se paró en el umbral de la puerta, tomo aire, abrió el tubo que contenía el ácido. Escucho los resoplidos de la perra en celo, abrió la puerta, los vio, se acercó un poco pues todavía no lo sentían venir, ni tampoco lo harían. Estaban anillados y entregados al placer bestial. Ella cabalgaba arriba de él, brazos estirados al cielo cabeza tensa, ojos cerrados, sonidos ...