1. ¿Quién dijo que el diablo es hombre?


    Fecha: 25/08/2023, Categorías: Confesiones Autor: esperanza, Fuente: CuentoRelatos

    ... y nuestros labios empezaban a rosarse, al ver que casi nos besábamos coloqué mis manos en su tórax para apartarlo de mí. Giré mi rostro y mordí mis labios. Seguimos bailando y empezó a deslizar su mano grande y suave por mi espalda. Mi respiración empezó a agitarse, quizás efecto del calor que hacía allí. Notó que no era resistente y estaba sin brasier, entonces fue corriendo su mano hasta rozar un seno, le apreté una nalga como sinónimo de que no siguiera. Su reacción fue rodear mi busto. Tragué saliva y empezó a frotarme el pezón. Al ponerse duro, metió su pierna por el medio de las mías y sentí que su verga estaba tiesa. Agarró mi otro seno y los acariciaba lentamente, pasando sus dedos por el medio de los dos, hacía círculos en la areola de cada uno y luego tocaba mi espalda. Volvía a mis senos y bajaba por el abdomen. Para que la gente no viera lo que estaba pasando me pegué hacia él, casi sentía su corazón palpitar. Ahí estábamos. Bailando como si nada pasara. Yo, disfrutando de las maromas que Santiago hacía con mis senos y él jugando con mis dos pelotas. Al terminar la canción fui al baño, me bajé los calzones y oriné. Cogí un pedazo de papel higiénico para secarme y al pasarlo por mi vagina se deslizó y noté que estaba lubricada, lo volví a pasar y me embarré las manos, entonces lamí los dedos para saborear lo que Santiago me producía. Me lavé y salí de allí, fui a sentarme y en los días siguientes me volví cortante con él, no quería pasar a mayores.
    
    Un domingo ...
    ... me reuní con los compañeros en un bar y llegó una chica desconocida para mí, al verla uno de mis amigos le dijo; Luisa, ¿qué haces por aquí? – estoy con Daniel, respondió ella - ¿están haciendo negocios? – preguntó mi amigo – estamos saliendo – respondió la arpía. Todos me miraron y fingí una sonrisa, me paré de ahí y me senté en la barra. Estaba triste y desilusionada. Le pedí al barman un trago de whisky doble y me lo tomé. Me pasó raspando la garganta y pedí uno y otro más. No quería llorar, era fuerte. Al menos eso quería creer.
    
    Horas después llegó Santiago con dos amigos más y se sentó en una mesa. Al verme, se acercó y me saludó como siempre. Se sentó y me acompañó. Estaba un poco alcoholizada y le hablaba intrépida. Esa era mi oportunidad de cobrar venganza, el deseo entre él y yo era recíproco. Nuestros amigos se fueron y quedamos solos. Pedimos una botella y hablamos de muchos temas. Recordé el día que bailamos juntos y sentí ganas de repetir ese momento. Nuestros gestos hablaban por sí solos, estaba dolida y quién mejor para sacarme la espina que con su hermano. Nuestras miradas eran maliciosas y casi nos comunicábamos por medio de ellas, queríamos tener sexo - ¿vamos para un motel? – preguntó sin pelos en la lengua - ¡vamos!, respondí muy segura de lo que estaba haciendo.
    
    Salimos de allí y le cogí la mano para que la gente viera lo que estaba pasando. Me sentía un diablo cobrando venganza, aunque no era mucho el esfuerzo que hacía. Llegamos al motel y entramos ...