1. Un polvo con mi futura suegra


    Fecha: 27/08/2023, Categorías: Confesiones Autor: doctor_morbo, Fuente: CuentoRelatos

    Llevaba seis meses saliendo con Teresa cuando accedí a conocer a sus padres. No se trataba de miedo al compromiso sino que la relación, sobre todo a nivel sexual, no terminaba de satisfacerme. Teresa era hermosa, todo hay que decirlo. Morena de ojos verdes con unos pechos modestos y un culo soberbio.
    
    El padre era gerente de banco y encasillaba cada aspecto de la vida en columnas de un balance. En cambio, la madre era otra cosa. Simpática y muy mona. Se llamaba Ingrid, era morena como la hija pero con unos grandes ojos que oscilaban entre el verde y el marrón y que daban la impresión de navegar aguas misteriosas. La cena fue algo tensa. Yo no soy muy bueno con los números y el padre parecía tener solo estadísticas en la cabeza. Después del postre nos encerramos en la habitación a tener algo de sexo.
    
    Como dije, a pesar de toda su hermosura, Teresa dejaba qué desear en la cama. Los juegos previos se limitaban a unos cuantos besos y algunas caricias en los lugares indicados. El sexo oral era un tabú. Conclusión: tenía que poner mucho de mí para que la cosa saliera adelante. Y esa noche, vaya si salió adelante: la cogí como nunca en la oscuridad del cuarto, inspirado en las hermosas tetas de la madre, en ese culo macizo de mujer madura…
    
    El sol calentaba la habitación cuando me desperté. Teresa dormía dándome la espalda, contemplé unos segundos su culo espectacular bajo la sábana. Tenía la verga muy dura pero me contuve, en los seis meses de noviazgo no había logrado que ...
    ... tuviéramos una sola vez sexo por allí y ése no era el momento ni el sitio indicados para insistir. Tenía sed, me puse el bóxer y la remera y espié por si andaba cerca alguno de sus padres. En punta de pies, fui hasta la cocina.
    
    –¿Madrugando?
    
    Me sobresalté, Ingrid sonrió y mordió una tostada con jalea de membrillo.
    
    –Te diré que como huésped no sos para nada educado. No pude dormir en toda la noche.
    
    La miré intrigado y ella se metió a la boca el resto de la tostada.
    
    –La próxima vez deberían poner una almohada entre el respaldo y la pared.
    
    Me tocó a mí sonreír y de pronto me puse serio y creo que hasta pálido. Ingrid pareció leerme el pensamiento.
    
    –MI marido no está, se fue al club con esos… que son como él. Puros numeritos.
    
    Se levantó. Llevaba puesto un salto de cama atado a la cintura y, según pude ver, debajo solo tenía ropa interior. Se ofreció a hacerme un café y acepté.
    
    –Como te digo, una no es de palo. Y ustedes dándole sin parar al asunto. Probé leer pero ahí estaban gimiendo, quise escuchar música y volvían los golpes en la pared.
    
    Hablaba como si estuviera sola mientras preparaba café y buscaba más tostadas. Imaginé la carne llena de deseo bajo aquella bata, temblando por la necesidad de un buen polvo, ansiando con cada poro algo que la hiciese sudar como una yegua corriendo bajo el sol.
    
    –¡Y Aurelio! ¿Para qué vamos a hablar de…?
    
    ¡Que fuera lo que Dios quiera! Hacía cinco minutos que tenía la verga dura imaginando ese cuerpo encerrado ...
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