1. Un polvo con mi futura suegra


    Fecha: 27/08/2023, Categorías: Confesiones Autor: doctor_morbo, Fuente: CuentoRelatos

    ... dentro de la tela. Le apoyé por detrás mi pija y le abarqué las tetas, las encontré grandes y sueltas. No llevaba ropa interior. Las sobé con ardor, la taza vacía cayó al piso y se rompió. Afirmó las manos en la mesada, inclinó la cabeza y echó su culo hacia atrás, lo frotó contra mi miembro tieso como una columna, arriba y abajo, gimiendo cada vez como el sediento frente a una jarra de agua helada. Alcé la bata, la enrollé alrededor de la cintura y la turgencia de las nalgas me sorprendió. Ingrid se la quitó de su solo tirón y me encaró con los ojos despidiendo chispas de calentura. Nos besamos con una pasión que solo puede guardar una mujer que hace tiempo que no la tocan. Bajó la mano hasta mi verga, dura y caliente.
    
    –Te la voy a chupar hasta que se te gaste, hijo de puta.
    
    Se arrodilló y se la metió en la boca. Se entretenía deslizando la lengua por el glande, presionando con la punta en el único ojo. Succionaba salvaje, exhalando gemidos entrecortados.
    
    –¡No se te ocurra acabar! Quiero sentirla bien adentro –me advirtió, la cara transfigurada en una expresión de deseo violento.
    
    Volvió a metérsela en la boca, se acomodó y avanzó despacio, separando más y más los labios hasta que la punta de su nariz presionó fría contra mi pubis. Atraje su cabeza para que mi verga le perforara la garganta. Emitía gruñidos breves, una ligera arcada sacudió sus hombros. Se retiró intentando recuperar el aliento mientras yo solo quería que me la siguiera mamando. Le sujeté la ...
    ... cabeza y le acerqué la verga. Como una milf obediente, volvió a engullirla. Espiando de vez en cuando hacia el dormitorio de Teresa, disfrutaba de las lamidas calientes de Ingrid. Jugaba con su lengua dentro de la boca como si mi glande fuera un caramelo largamente ansiado. Con sus dedos suaves me acariciaba los huevos, jugaba con ellos sin dejar de chupármela mientras me miraba desde abajo con esos monumentales ojos verdosos.
    
    A punto estuve de escupirle toda mi leche cuando se detuvo con una sonrisa mientras se ponía de pie.
    
    –¿Ibas a terminarme, no? Es de muy mala educación. Vení, metémela toda ya mismo.
    
    Se afirmó contra la mesada presentándome su concha empapada de deseo. Apoyé el glande contra la entrada caliente y le abarqué una de sus tetas macizas.
    
    –Te voy a coger como hace mucho que no te cogen.
    
    –Partime la concha, papi. Hacé conmigo lo que quieras. ¡Pero ya!
    
    La metí despacio, disfrutando de cada milímetro de esa vagina que se iba abriendo para mí entre gemidos de agónico placer. Cuando la tuvo toda adentro, echó la cabeza hacia atrás con un largo jadeo. El olor a lavanda de su cuello se mezclaba con el del café de la mañana. Me empecé a mover dentro suyo, primero con suavidad pero después cada vez más fuerte. Mis manos sentían vibrar su cintura, mi boca bebía sus gemidos, nuestras lenguas luchaban como gladiadores espartanos. La humedad de sus jugos goteando por mis huevos me calentaba. Entonces, le daba más duro, quería perforarla.
    
    –Te voy a partir en ...