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Un cincuentón le mete el vicio a la mujer de su hijo
Fecha: 05/09/2023, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
Sergio, un cincuentón, moreno, de estatura mediana y de muy bien ver, estaba asando sardinas en la parrilla de la chimenea de su galería en la noche de san Juan. Dos de sus hijos sentados a una mesa conversaban animadamente delante de sus vasos de vino tinto, sus esposas preparaban dos ensaladas con lechuga y tomates. En el patio cuatro de sus nietos corrían alrededor de una hoguera y Sabrina, una de sus nueras llevaba en brazos a su hijo de un año, que miraba embobado para el fuego. Dos perros pequeños correteaban detrás de los niños y más de una docena de gatos callejeros miañaba desde el tejado de un cobertizo al llegarle el olor a sardinas asadas. Sergio, en bermudas y con el pecho peludo al descubierto, le dijo a uno de sus hijos: -Vete a buscar más vino a la bodega, Julián, que esto ya va a estar. Sabrina, una belleza sudamericana de 20 años, piel morena, tímida, con el cabello negro azabache largo y rizado, que era más alta que Sergio y que tenía buenas tetas, buen culo y anchas caderas, al oír sus palabras se fue con el niño a la sala de la casa. Poco después, Sergio, entró en casa para coger unas fuentes y vio a Sabrina en un sillón dándole el pecho a David. El niño al sentir sus pasos dejó de mamar y le cayó leche de la boca. Sonrió al ver al abuelo y después siguió mamando. Sabrina, con la teta que estaba chupando en hijo echando leche por los lados, también le sonrió, Sergio, le devolvió la sonrisa, luego se fue a la cocina, cogió dos fuentes y volvió a ...
... la chimenea. Sergio llevaba casi dos años sin mojar la morcilla, desde que su mujer lo dejara para irse con su dentista y aquella visión lo había puesto enfermo. Su verga le latía y soltaba aguadilla. Estaba seguro de que si estuviera en el sitio de su nieto un minuto..., con solo un minuto se correría. A la una de la madrugada se marcharon sus hijos, nietos y nuera, menos una, Sabrina, ya que David dormía en una de las camas de la casa y por no despertarlo se quedó allí a dormir. El marido de Sabrina, Julio, hacía seis meses que se fuera a trabajar de fontanero a Madrid, allí lo pillara el estado de alama y allí seguía. Pero vamos al turrón. Estaba Sergio en la cocina fregando los platos cuando llegó Sabrina a su lado. Traía puesta una bata de casa azul que era de Sergio. La muchacha, que lo trataba de papá, le preguntó: -¿Lo ayudo, papá? -No hace falta, los cacharros ya se secan solos. -Deje que acabe yo de lavarlos. Sergio se quitó el delantal y se lo dio. -Todo tuyo. Sabrina se puso a lavar los cacharros, Sergio se echó un vaso de vino tinto y se sentó en una de las seis sillas que tenía la mesa de la cocina, Sabrina, fregado una fuente, le preguntó: -¿Echa de menos a Josefa? -Ya no, y eso que nos conocíamos desde niños, pero aprendí a vivir sin ella. Las historias de amor se acaban. -Yo de eso no sé muy poco. Extrañado, le preguntó: -¡¿No te acostaras con ningún hombre antes de conocer a mi hijo?! -No, papá -¿Y con alguna ...