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Gemelas lésbicas
Fecha: 25/11/2022, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Mario Ramírez, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... miércoles llegaban las nuevas revistas porno que nos gustaban y allá íbamos a comprarlas. El viejo, pícaro y algo baboso al ver nuestro interés en esas revistas y más aún, cuando Angélica le contó que habíamos escrito nuestros relatos, nos tiraba algún dato “puerco” para agregar en próximos cuentos, por ejemplo: Lesbianismo detallando los juguetes sexuales que se usaban, incesto, zoofilia, sexo en público, manoseos en los trenes en horas pico de viajantes, etc. Cosa que nos ayudó a fantasear con más ingredientes para escribir. Una noche tras la lectura de mi relato, Angélica estaba súper caliente, pues, se ajustaba a nosotras y no solo a las pajas que nos hacíamos a diario, sino que ahí teníamos relaciones lésbicas y las detallaba bien para calentar al lector y a mí también al escribirlo. Mi hermana se quitó la ropa y empezó a acariciarse, inicio de una buena paja. Yo la imité y me tocaba. Ella pidió que relatara sin leer cuanto decía el relato y al hacerlo, nos fuimos calentándonos tanto que me animé a subirme sobre ella y nos abrazamos y besamos con total pasión, liberando nuestros deseos “lésbicos” y nos chupamos cada cm de piel, metimos dedos en nuestros agujeros y orgasmamos ahogando el grito de placer para no alertar a nuestros padres. Ese fue el comienzo de nuestro mayor secreto. Habíamos pasado los límites y ya éramos dos fogosas lesbianas. El siguiente miércoles viajamos a comprar las nuevas revistas. El viejo baboso, nos preguntaba que habíamos hecho esa ...
... semana y le conté que nos animamos a las practicas lésbicas. El viejo se emocionaba, quizá fantaseando con esas dos pendejas bonitas, imaginándonos desnudas. Al rato, para no demorarnos, llevamos las nuevas revistas y en el tren, nos emocionamos con sumo agrado, al ver publicados dos de nuestros relatos. Por suerte, era uno de cada una, para que no hubiera celos, pero eso no entraba en nosotras, solo queríamos gozar a pleno. Ya en casa, a la hora de la siesta, leímos nuestros relatos y sabíamos que eran excitantes para los lectores y si los publicaron, es porque eran buenos, nos dijimos contentas. Eso nos impulsaba a seguir escribiendo y con la ayuda del viejo kiosquero, fuimos ampliando nuestros temas. Cierto día, al regreso del colegio, mamá estaba en nuestro cuarto y en la cama estaban todas nuestras revistas y borradores de lo escrito. Nos quisimos morir de vergüenza al ser descubiertas por ella, que nos miraba como asustada, quizá pensaba que éramos dos degeneradas, pervertidas y nos prostituiríamos, pero sentándose en la cama lloraba y nos acercamos a consolarla. Ella nos decía: ¿Qué hice de mal para que se convirtieran en esto? Y señalaba las revistas. Yo la abrazaba y le pedía que se controlara que no era para preocuparse, que cuando se reponga de la sorpresa le contaríamos todo. Más tarde, nos ayudó a guardar bien las revistas y borradores, no sea cosa que los vea papa, nos dijo. Salimos de nuestra habitación y nos sentamos a la mesa del comedor. Mamá estaba ...