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Don Rufino.
Fecha: 30/07/2023, Categorías: Confesiones Tus Relatos Autor: PPTon, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... señor ni se inmutó, no hizo nada por ocultar su estado, pero tampoco yo hice nada para disimular que miraba aquello con mucho interés. El hombre también tenía el propósito de que yo mirara todo, ya que siempre se mantenía de frente a mí. Yo era un alfeñique de escasos 7 años y mi estatura, al igual que la señora, apenas rebasaba la altura del ombligo, así que el espectáculo lo estaba disfrutando muy de cerca, lastimosamente la prenda no permitía disfrutarlo en directo, en vivo y a todo color. No pude aguantarme, tuve la osadía de agarrárselo, por unos segundos lo tuve aprisionado con mi pequeña mano, suficiente para sentir lo caliente de aquella carne y constatar que acababa de sacarlo de la pucha de su esposa, por lo húmedo y resbaloso que lo sentí, aun a través del calzoncillo. Don Rufino no pudo hacer más que emitir una leve risa pues su mujer estaba esperando detrás de una cortina. Me despachó las galletas de la compra y con una seña me indicó que no pagara nada. Yo me fui con el buen sabor de haber tenido en mi mano tan enorme espécimen, las galletas que más me gustaban y el dinero que no me quiso aceptar. Ese mismo día, ya por la tarde, estaba sentado de la misma forma que lo hacía siempre, fui a la tienda por un encargo, pasé frente a él, lo saludé y, en lugar de contestarme el saludo, me dijo si quería más galletas, le contesté que sí y me sugirió que tocara la puerta ya que regresara. Así lo hice, abrió y me invitó a entrar para luego cerrar la puerta. Vestía ...
... solamente su camisola de maquinista, que traía abrochada sólo de uno o dos botones de los de arriba, por lo que toda la parte de abajo quedaba abierta, dejando ver su descomunal verga que medio erecta, levantaba la parte baja de la camisola. Me llevó al cuarto donde tenían las galletas, se colocó frente a mí, mostrándome su gran arma que portaba. Ni tardo ni perezoso, lo aprisioné con ambas manos y las estuve moviendo para allá y para acá, con lo que el colosal rollo de carne caliente se puso tan duro como la rama de un árbol, pero tan terso como el terciopelo. Lo sentía tan agradable, que se me hacía difícil dejar de hacer los movimientos que lo hacían mugir como un toro en pleno ruedo. De pronto, el hombre hizo un movimiento hacia atrás, a la vez que me tomó de los hombros para, de un solo pero fuerte movimiento, me hizo girar, dejándome de espalda delante de él. Hábilmente me quitó el pantalón corto, junto con la trusa que traía debajo, hice una leve resistencia, de la cual desistí cuando me dijo que no me asustara, -no te lo voy a meter- me dijo con cierta ternura. Me untó algo calientito en mi culo y entre las piernas, me levantó en vilo y me montó sobre su enorme verga, estaba muy caliente y resbalosa. Su glande me salió hasta el frente y mis huevos y pene quedaban posados sobre aquel enorme rollo de carne viva, muy caliente. Giró un poco para depositarme sobre un banco. Mis piernas quedaron muy juntas y apretaban la cosa del señor. Una vez acomodado, empezó sus movimientos ...