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El nuevo curso (I)
Fecha: 06/10/2023, Categorías: Gays Autor: ShatteredGlassW, Fuente: CuentoRelatos
... una mezcla de rabia, celos y pena. Damián bailaba completamente desenfrenado, la mezcla perfecta de sexualidad desatada con su carisma de siempre. Unas manos de las que no supo identificar el propietario recorrían arriba y abajo sus caderas mientras este se contoneaba y se movía al ritmo de los bajos que atronaban por los altavoces. La cara de Enrique se contorsionó de rabia y dejando caer la cerveza al suelo se alejó de allí con rapidez. Al ver a Carlo le agarró del codo y tras gritarle al oído que se iba a casa salió casi en estampida, sin darle ninguna otra explicación. El aire frío de la noche le despejó algo y tras tambalearse ligeramente pudo volver a enfocar sus pasos. Caminó todo lo deprisa que pudo sin llegar a correr. La mezcla de emociones de su pecho se atemperó ligeramente con el paseo, pero no lo suficiente como para sentir ganas de ir a casa, por lo que pasó de largo su portal y siguió caminando. Al ver aquellas manos la rabia le había inundado, deseando partirlas, alejar al dueño de su amigo y golpear y golpear y golpear. Jamás se había sentido así con Carlo y la virulencia de su reacción le sorprendió. Ahora que estaba lejos, la rabia solo bullía si las recordaba sobando a su amigo. Lo que quedaba era un poso de tristeza y amargura sumado a la resignación de saber que le había pasado igual que con Carlo. Poco a poco la tristeza borró el resto de los sentimientos y a la segunda vuelta a la manzana consiguió reunir fuerzas para subir a su ...
... apartamento. Tenía las llaves a punto de entrar en la cerradura cuando unas manos surgidas de la nada le dieron un potente empujón que le arrojó contra la puerta. Asustado se giró para encararse con su agresor cuando se vio frente a frente con la cara contorsionada de ira de Damián, a escasos centímetros de la suya. Fue tal la sorpresa que las llaves cayeron al suelo y Enrique se quedó paralizado, incapaz de moverse, mientras el otro le dominaba con toda su estatura. –¿Pero a ti qué cojones te pasa? –Exclamó Damián furioso–. Llevo dándote señales desde el primer día de clase, desde que te conocí, creí que te gustaba y que por eso reaccionabas así. Y cuando después de dos semanas de rechazos decido pasar página en una fiesta en cuanto me ves es como si me deseases la muerte con la mirada. Damián estampó el puño contra el marco metálico de la puerta mientras Enrique escuchaba, con la mirada baja. Si de verdad le había entendido bien había tenido una oportunidad maravillosa y se la había cargado de un plumazo. Por cobarde. –Mira, entiendo que no te guste, entiendo que te parezca raro y por eso te comportes así, y siento haber malinterpretado tu actitud por interés, pero no tienes derecho a lo que has hecho hoy. –Enrique escuchó como inspiraba aire con dificultad y observó como relajaba los hombros, derrotado, antes de seguir–. Espero que a partir del lunes no me vuelvas a dirigir la palabra. No te preocupes por Carlo, es tu amigo y no voy a quitártele, ya arreglaré las cosas con ...