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Secuelas de una pandemia (VII): Traspasando fronteras
Fecha: 09/10/2023, Categorías: Gays Autor: LetraEros, Fuente: CuentoRelatos
La política hace su juego, el Estado regula; las instituciones ejercen su poder. Fin de la cuarentena. Sin excesos, con precauciones, pero con más autonomía de acción. Con la excitación de saberse libres, armaron cada uno su bolso para ir a visitar a sus correspondientes familias por un par de días. Se extrañaban los afectos; volver a las raíces era necesario. Pato se quedó en casa de sus padres por una semana, Diego, en cambio, regresó al departamento a los cuatro días. La soledad no le resultó fácil. Le faltaban esas charlas cotidianas, esa camaradería natural que se había instalado entre ellos, esa complicidad casi infinita que otorga compartir algo que debe permanecer en secreto, fuera de aquellas cuatro paredes. Y el sexo. Ya durante aquella primera noche, Diego se clavó una paja furiosa con el bóxer negro enlechado, apoyado en la cara. Al día siguiente se chupó los dedos pegoteados de semen. La próxima paja fue con un dedo en el orto. Pero faltaba Pato. Y al séptimo día volvió. El abrazo que se dieron hablaba, era un elogio de la elocuencia sin palabras. ¿Cuánto duró? Más de lo habitual; costaba desprenderse. Y al separarse, una frase: “che boludo, cojamos”. *** Diego arremetió sobre Pato empujándolo contra la pared mientras las bocas se unían en un beso salvaje. Las lenguas se retorcían con vida propia y la saliva empezaba a humedecer la barba, la piel. Las manos recorrían el cuerpo del otro como si buscaran desgarrar las carnes, tironeando de las ...
... ropas que solo molestaban, que debían dejar libres los cuerpos cargados de deseo. La respiración era jadeo, quejido, se aceleraba al ritmo de los latidos del corazón que enardecía las pijas hasta ponerlas duras y calientes. Semi vestidos, empezaron a caminar hacia la habitación, pero los pantalones a medio bajar hicieron que Pato tropezara sobre el sillón. Diego se tiró encima y volvió a besarlo, a morderle los labios. Torpemente comenzó a sacarle el jean a su amigo, a quitarle el bóxer que había quedado enganchado en la verga endurecida y que saltó como un resorte luego de ser liberada de su encierro de tela. Se miraron con lascivia. Entonces Diego empuño la chota de Pato y sin bajar la mirada se la metió en la boca con hambre. El sabor le golpeó el cerebro, lo obligó a cerrar los ojos, a respirar profundamente. –Sí hijo de puta, chupame bien la verga, es toda para vos. Esas palabras lo enardecieron; ya no quería seguir chupando, quería comer, tragar, ir más a fondo, hasta el ahogo. Pato estaba en éxtasis, fuera de sí no podía dejar de decir guarradas, de insultar y dar órdenes; Diego, por su parte, sentía que debía redoblar la apuesta y trataba de hablar, ahogado en saliva y con los ojos rojos de lágrimas. –Dame tu verga, forro –dijo Pato de pronto, y con una fuerza que desconocía arrojó a Diego en el piso para tragarse el miembro de su amigo. Lo sorprendió lo caliente que se sentía en la lengua, cómo el grosor le llenaba su boca. Por un momento una frase ...