1. Secuelas de una pandemia (VII): Traspasando fronteras


    Fecha: 09/10/2023, Categorías: Gays Autor: LetraEros, Fuente: CuentoRelatos

    ... se le cruzó por la mente, un atisbo de culpa: “¿Estoy chupando una pija?”, pero automáticamente la respuesta no se dejó esperar: “sí, y me encanta porque es la pija de Diego”.
    
    Con un sonido gutural y espasmódico, la descarga de leche llenó la boca de Pato sin previo aviso. Espesa, como siempre, cubrió la superficie de la lengua y la colmó de un sabor único que se parecía a otros pero que era definitivamente gusto a leche de hombre. Sin soltar la pija que apresaba con su mano derecha, Pato la siguió mamando mientras Diego se retorcía de placer. No dejó una gota; tragó todo con hambre y placer.
    
    Enseguida empezó a pajearse, necesitaba descargar.
    
    –Bancá –dijo Diego con un hilo de voz–. Dejame recuperarme y te hago el mejor pete de tu vida.
    
    Pato se incorporó para besarlo largamente, esperando que su amigo recuperase el aliento, y al cabo de unos segundos allí estaba Diego, arrodillado, con la espalda arqueada, sacando el culo lleno de pelos como una invitación a comerlo. Pato cerró los ojos pero los abrió enseguida: quería ver la cara de su compinche tragándole la verga con devoción, con una habilidad innata sorprendente para ambos. Diego disfrutaba la tersura del glande, el dejo salado del presemen que ya comenzaba a salir en gotas transparentes.
    
    –Dámela toda –balbuceó con la boca llena de pija, y en segundos las descargas de Pato, como fuegos artificiales, le llenaron la garganta.
    
    A Diego se le había vuelto a poner dura gracias al sabor de la leche que le ...
    ... había exprimido a su amigo y que aún conservaba en la boca, para devolvérsela, para compartirla en un beso largo y pegajoso, lleno de olores y morbo.
    
    ***
    
    Pasaron unos minutos en silencio, acariciándose, tirados en el sillón. Estaban a punto de romper todas las barreras posibles y era hermoso.
    
    –¿Te animás? –preguntó Diego.
    
    –No sé a qué, pero sí. Me animo.
    
    Sin decir más, se levantaron y tomados de la mano, se dirigieron hacia la habitación de Pato.
    
    Los cuerpos yacían lánguidos uno al lado del otro, rozándose, besándose. La piel de Pato recibía la caricia peluda del pecho de Diego cada vez que lo abrazaba y la respiración de ambos comenzaba a acelerarse.
    
    –Bueno… dale, cogeme –pidió Diego con un susurro casi inaudible.
    
    –Yo pensé que…
    
    –Después.
    
    –Ok… ¿Cómo querés?
    
    Diego se acostó de espaldas y levantó las piernas. El hoyo rodeado de pelos pedía a gritos la caricia de una lengua, y Pato, sin dudarlo, hundió su boca entre aquellas nalgas poderosas. No chupaba; devoraba. La cara, en pocos segundos se le había cubierto de saliva y Diego gemía con una voz cada vez más profunda.
    
    –Voy a buscar un forro –dijo Pato incorporándose.
    
    –¿Estás en pedo? –respondió Diego. ¿Cuánto hace que no estamos con nadie? ¿De qué nos vamos a contagiar?
    
    –Bueno… sí… Además -bromeó- no podés quedar embarazado.
    
    La risa aflojó ese breve momento de tensión, pero la calentura era más fuerte y, en pocos segundos, volvieron a la carga. Pato escupió el ojete ya ensalivado y ...