1. La curvy deseada (1)


    Fecha: 04/11/2023, Categorías: Confesiones Autor: J C Meliani, Fuente: CuentoRelatos

    Rosalía era una mujer atractiva. Había llegado a los cincuenta, pero mantenía un encanto especial para los varones. Dotada de un busto exuberante y caderas anchas, atraía al género masculino.
    
    Era una mujer morena, aunque por arte de la peluquería lucía un pelo pelirrojo oscuro que le deba un atractivo especial. Alta, de complexión mas bien fuerte mantenía unas definidas curvas gracias a sus caderas anchas, a las que añadía un busto exuberante que no la permitía pasar desapercibida.
    
    Cuando se dirigía al trabajo cada mañana, se sentía observada por los hombres que compartían el metro con ella. Era una mujer que no pasaba desapercibida. Vestía con discreta elegancia, porque era de estas personas que lo que se pongan les sienta bien. Sabía sacar partido de su cuerpo, y añadía a su encanto natural un cuidado, pero sencillo maquillaje.
    
    Al mediodía, a la hora del almuerzo que consumía en el comedor de la propia empresa, salía unos veinte minutos a tomar un café a un bar cercano. Allí coincidía con un caballero que discretamente la observaba, pero, que nunca se le acercó ni siquiera hizo ademán para ello. Rosalía, si que se fijó en el hombre, bien vestido de una edad similar a la suya, que la seguía con los ojos, y cada vez con mayor atención.
    
    Un día, era jueves, y al entrar en la cafetería vio al caballero sentado en una mesa, sin nadie alrededor, y la muchacha sintió el deseo de conocer a su admirador silencioso. Aprovechando que en la barra no había sitio y las demás ...
    ... mesas estaban ocupadas se acercó y con suaves modales le espetó, “Hola, le importa que me siente, está todo lleno y no dispongo de demasiado tiempo para tomar el café".
    
    El caballero amable y sonriente le hizo un gesto de aprobación refrendado por las palabras "será un placer compartir la mesa con usted" "Me llamo Carlos" dijo y alargó su mano.
    
    Rosalía, con una repuesta de manual se quedó algo azorada "mucho gusto, yo soy Rosalía" Vio que Carlos, ahora ya sin recato la repasaba de arriba a abajo.
    
    "Trabaja por aquí" -le inquirió. Y así, de esta manera repleta de formalismos se inició la conversación entre ambos. "Si, en el edifico de enfrente y usted también está por la zona, no, me parece haberle visto alguna vez". Su interlocutor le explicó que trabajaba justo en el edificio del lado, ocupado por las oficinas de un grupo inversor.
    
    Rosalía se dio cuenta del descaro con el que Carlos la miraba, eso si con una sonrisa elegante, de categoría. Los ojos de su interlocutor se fijaron en su rostro, bien maquillado, sin estridencias, pero con un rojo carmín que perfilaba sus labios carnosos, luego, descendían hacia su busto y cuando se levantó para ir al servicio, percibió que la repasaba de arriba abajo, sin duda sus caderas, anchas y sugerentes habían sido el objetivo de su contemplación.
    
    Al regresar del baño la mujer se despidió de su interlocutor, con "he de volver al trabajo, encantada de que me aceptara en su mesa, ya nos veremos". El caballero cortés se levantó y ...
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