1. En la consulta con mi sobrino


    Fecha: 29/12/2023, Categorías: Incesto Autor: perlitas, Fuente: CuentoRelatos

    ... un gran bulto en la entrepierna. Era visible y además se estaba pasando la mano por encima para hacerlo más evidente. Yo me quedé helada. ¿Qué pretendía? Me quedé tan sorprendida que no supe reaccionar. Pero María sí que tomó la iniciativa y rápidamente se puso a su lado y le puso la mano encima de la suya.
    
    —Vaya vaya con el sobrinito... parece que tiene algo para nosotras.
    
    —Si queréis, yo os lo puedo agradecer muy bien —dijo mi sobrino desabrochándose el pantalón y dejando salir el mayor pene que haya visto en mi vida!
    
    Era enormemente perfecto. Era realmente grande y muy muy grueso. Esa visión provocó en mí un cosquilleo. No estaba acostumbrada a ver penes (fuera del de mi marido) ¡y menos el de mi sobrino! Y nunca veía porno ni nada por el estilo. Y ahora me encontraba con esa escena, que lejos de disgustarme, provocó en mí sensaciones hasta entonces desconocidas.
    
    —Pero eso... esto no está bien... guárdate el pene, Sergio! —dije intentando reconducir esa situación. Quería y no quería. Estaba hecha un lío.
    
    —Por favor, Mercedes! —dijo María— no digas pene!, no seas tan beata! Esto es una buena polla! Un pollón. Y si el chico quiere agradecernos nuestro trato así, no le podemos hacer un feo.
    
    —¡Vamos, tía! Tú siempre me has parecido una mujer bellísima. Y cuando he visto a tu compañera María he pensado que qué mejor manera de devolveros el favor que me habéis hecho que esta.
    
    Yo estaba muy confundida. ¿En serio le parecía atractiva? ¡Pero si casi le ...
    ... doblaba la edad! Además, era muy guapo y fuerte, seguro que podía estar con mujeres mucho más jóvenes y guapas que su tía la recatada.
    
    —No digas bobadas, Sergio! Como te voy a parecer atractiva. ¡Si soy tu tía!
    
    —Precisamente por eso. Siempre me has parecido muy guapa. Seguro que debajo de esa ropa tan recatada se esconde una mujer con deseos. Y el hecho que seas mi tía hace que la situación tenga un morbo brutal.
    
    —Qué tonterías. Tú eres un chico joven y guapo. Yo ya estoy vieja...
    
    —Como vas a estar vieja! Eres muy guapa y te estás perdiendo un montón de cosas buenas. Vamos, lo pasaremos bien.
    
    María estaba expectante y observando nuestra discusión. Y yo tenía sentimientos encontrados: por una parte, me parecía escandalosa la escena de mi sobrino y mi compañera de trabajo. Chocaba con, hasta entonces, mis valores más conservadores y cristianos. Sabía que no estaba bien. Además, era una mujer casada. Pero, por otro lado, sentía ese cosquilleo interno. Había algo, quizá lo que mi sobrino denominó "morbo" que me decía que quizá no estaba tan mal. Además, tampoco es que mi marido me tuviera demasiado en cuenta. ¡Al contrario! Me tenía sexualmente abandonada. ¿Era esta la oportunidad que se me estaba brindando para darle una vuelta a mi vida de mujer recatada y modosita y experimentar cosas nuevas?
    
    —Mira, Mercedes —dijo María— tú te puedes quedar aquí mirando un poco... a ver qué te parece.
    
    María se abrió la bata, se recogió el pelo en una coleta y se desabrochó un ...
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