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Provoqué a mi suegro y me cogió a la fuerza
Fecha: 24/01/2024, Categorías: Incesto Autor: AlonsoLima, Fuente: CuentoRelatos
Cuando el presidente Vizcarra anunció el inicio de la cuarentena por la Pandemia del Covid, estaba justo charlando por Whatsapp con un amigo, con el que habíamos planeado encontrarnos al día siguiente. La noticia nos cambió los planes. Dejamos de hablar pues él tenía que coordinar que hacer con su esposa y yo con mi esposo. Fue una noche larga planeando los 15 días enclaustrados. Cuando empezó la cuarentena tenía 32 años, llevaba seis de casada y tenía dos hijos, de 4 y 2 años. Pequeñitos. Mi primera preocupación fue con su nana. Ella debía llegar el lunes a primera hora, para cuidarlos mientras mi esposo y yo íbamos al trabajo. A los pocos minutos de la noticia me llamó para decirme que no podría ir al día siguiente. Luego me llamó mi mamá, llorando aterrada. Que era el fin del mundo y mil cosas más. Mis papis viven en Sullana, a más de 1.000 km de Lima. Felizmente cerca a ellos mis dos hermanos y mi hermana menor. Así que la tranquilicé y luego empecé a preocuparme por nosotros. Mientras hablaba con mamá, mi esposo hablaba con la suya. Colgamos casi juntos y me dijo que su mamá le había propuesto que vayamos a su casa a pasar los 15 días de cuarentena. En un instante acepté. Vivíamos (y seguimos viviendo) en un minidepartamento de dos habitaciones pequeñas, un cuarto matrimonial donde sólo entra nuestra cama y el armario y uno aún más pequeño donde mis hijos duermen en camarote. Sala, comedor y kitchenette minúsculos, un baño pequeño y una ínfima área para lavar y ...
... tender la ropa. El edificio es precioso, eso sí y en medio de Miraflores todo me encanta. Pero, imaginar 15 días encerrados en un espacio tan pequeño me daba cosas. Usualmente estábamos siempre en los parques con los niños o yendo al cine o comiendo fuera. Por eso, cuando recibí la propuesta de mi suegra, sin dudarlo acepté. Alistamos algunas cosas para el traslado al día siguiente. Por la mañana fuimos a nuestros trabajos, pero antes de las 12 ambos estábamos de vuelta. Nadie sabía qué hacer en las oficinas y nos dejaron libres para prepararnos para los 15 días de cuarentena. Armamos las maletas con todo lo necesario para la estadía. Llamamos un taxi y partimos. Mis suegros viven en San Juan de Lurigancho, por las Flores, en una casa enorme. Debe tener más de 500 m2 (o más) de área, con patio afuera y jardín adentro. Esas casas que los migrantes (mis suegros son de Huancavelica) van construyendo de a pocos, todo grande, todo sin gusto, pero espacios que alcanzan para todo. La casa tiene 6 dormitorios, el más grande de mis suegros, cuatro para cada hijo (pero los tres hermanos de mi esposo viven ahora en EEUU, así que libres) y otro más “para visitas”. Cocina grande, sala grande, comedor grande, comedor de diario, sala de estar (que mi esposo ocupó para trabajar tranquilo, yo trabajaba desde el cuarto, en su escritorio de universitario). Espacio de sobra y, además, una piscina de plástico, instalada en el jardín, que mis suegros habían comprado el año anterior cuando ...