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Perra
Fecha: 13/03/2024, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... segundo. Me apetece porque quiero que me den duro. - ¡ AAAYYY! Me aprietan mucho- musito con mezcla de entrega y vicio. Me estiro para lucir más el cuerpo, en la postura que estoy, las tetas quedan paradas, en alto, casi de adolescente tetona. Sé lo que me van a hacer a continuación , por eso me estremezco de lujuria cuando el enmascarado me muestra el látigo que va a usar. Es de tiras cortas, muchas y mango gordo. Cuando te azotan con él, duele un poco, pero sobre todo pica y te deja la carne ardiendo. Se coloca tras mío y siento el primer latigazo en mis nalgas, lo suficiente fuerte para que comience a sentir el gustito del castigo. Sigue, los golpes llevan el ritmo de alguna canción que debe canta en su mente. Yo gimo gozosa, mezclando AAAYYYY y AAAHHH. Cuando para, tengo el culito ardiendo. Se coloca delante mío, veo sus ojos en la mascara, se juntan el vicio y el control, mezcla explosiva para una perrita sumisa como yo. Me quita los broches de los pezones, la sensación que me invade hace que lance un enorme suspiro, es el placer de dejar de golpe un dolor, no terrible pero sí fastidioso y continuo. Coloca la camiseta entre mis dos tetas que quedan desnudas, a la vista. Tengo los pezones duros, erectos, las areolas dilatadas, el marrón gris destaca sobre el bronceado de mis senos. Todos los días tomo un rato de sol desnuda cuando entra el sol en el salón. Se chupa el índice y juega con mis pezones, siento la humedad de su saliva. Me pasa el tronco gordo ...
... del látigo por el monte de Venus, es como si una polla dura me acariciase la almohadilla. Mientras me chupa las tetas, las lame, las saborea, me roza la mascara. Me siento usada, al servicio de sus deseos, que noto sucios, posesivos, malvados. Me asusta y me gusta. -Quiero ser mas puta que Agnes.- Le susurro para que no se oiga en la grabación. - Gatita, la mas puta y perra siempre sos vos. - Ha cambiado la voz para hacerme entrar más en un personaje que debe estar en su mente y que yo quiero vivir en la mía. Un vicioso desconocido que me va a someter y castigar gozando de mi cuerpo, que puede hacer lo que quiera conmigo y yo solo puedo sufrir y gozar. - Sí, mi señor. Soy tu perra. Se coloca tras mío, restregando su polla dura contra mis nalgas y me soba las tetas. Lo hace acariciando, apretando. Se concentra en los pezones, los toma entre el indice y el pulgar y los presiona , los retuerce, me duele y me gusta. - ¡AAAAHHHH!- el gemido me sale de hembra entregada. Creo saber qué va a seguir, pero se va. Me deja para que me vea y me caliente al verme. Creo que nos pasa a todas, cuando nos miramos en un espejo haciendo cosas eróticas o porno. Nos ponemos más cachondas. Y estar tan entregada, tan juguete de sus deseos, me pone aun más. Me asusto cuando vuelve. En la mano lleva una fusta. La fusta duele y solo acepto que la use cuando me pongo un corsé que mitiga los azotes , tiene un forro que impide que te corte la piel, solo te deja las marcas rosas ...