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De a trenecito soy muy zorra
Fecha: 01/07/2024, Categorías: Confesiones Autor: Patita Putita, Fuente: CuentoRelatos
... Poco después se me acerca más, me roza con la pierna y pone una mano en el muslo. Al ver que no me movía, comenzó a acariciarme suavemente. Mi cornito atento, observando con el rabo del ojo y con miradas rápidas, yo con la mirada fija en la TV. A seguir el tipo me acarició las nalgas, como abrazándome. Con ese movimiento sentí que Juan se puso atento: ya sabía, que si yo me librara del abrazo, aunque fuera con un movimiento leve, él detendría todo y saldríamos. Pero esta putita no se movió. Me quedé quietecita, quietecita, inclusive cuando el tipo avanzó en el cachondeo. Con eso pensé: ¿Qué hago? ¿Me va a coger aquí? ¿Lo dejo, o buscamos otro lugar? La zorra dentro de mí está dándole señales de que quería guerra. Mi marido me murmuró. Este güey está queriéndote coger ¿Quieres? Sí, estoy caliente y con ganas de verga. ¿Me dejas que le dé las nalgas? Le respondí. De acuerdo amor, hoy estás muy puta… Vamos arriba, creo que es mejor. Ya de acuerdo, nos encaminamos a uno de los cuartos grandes, con el cabrón unos pasos atrás. Claramente vi que quería chingarme. Y yo también quería darle las nalgas, ya estaba caliente. Mis miradas y gestos se lo estaban diciendo. Entramos a la sala amplia, cubierta en parte con algo blando y liso, como un tatame. Nos fuimos a la mitad. De pie, solté la bata hasta los codos, descubriéndome, medio encuerada con mi maridito acariciándome. El güey, de inmediato se colocó de lado y comenzó a besarme, metiéndome una mano por ...
... los pechos y la otra por las nalgas. Cachondamente le correspondí, agarrándole el palo y dejando caer la bata al suelo, quedando totalmente desnuda. Ahí estaba, encuerada, y cachondeada por dos cabrones en medio de la sala de un putero. Con los ojos medio cerrados, de repente me dí cuenta que otro pendejo (Huumm ¿Pendejo? ¡puta pendeja yo!) se había puesto del otro lado. Con eso mi marido se apartó un poco, creo que para ver mejor como su perra chingona estaba siendo atendida. ¡Y lo estaba! Sentí que uno me estaba besando el mamey arrodillado, de inmediato abrí las piernas. Estando así, sentí las otras piernas atrás colocandome el pepino entre las nalgas. Era otro tipo que, viendo la oportunidad, se dividía con el primero nalgas y chiches. Como muy puta que soy, agarré las dos vergas, una en cada mano. Después mi marido me contó que vio como también me acariciaban el chiquito, lo que ya estaba sintiendo. Las cuatro manos se repartían los chiches, nalgas y coño. Me quedé quieta, dejándolos hacer, a final de cuentas, eso era lo que queríamos: Que fuera zorra en público, solo no sabíamos que lo iba a ser tanto. Me sentía igualito a una perra callejera en celo, rodeada de machos queriendo meterme las pijas. Una golfa cabrona lista para dar las nalgas. En algún momento, muy suavemente (obviamente ayudada) me bajé al suelo, acostándome de espaldas. Nunca lo comentamos, fue cuando decidí que bastaba de botanas y que ya quería los nabos bien metidos moviéndome las ...