1. Memorias de juventud


    Fecha: 15/08/2024, Categorías: Confesiones Autor: Gargola, Fuente: CuentoRelatos

    ... centrada en como basculaba la cabeza de la mamona en cuestión, dándole placer a su Don Juan.
    
    A los pocos minutos se les unió otro joven seducido por la escena, así como por el trasero que asomaba por debajo de su falda cuando perdió su función como tal, mostrando unas nalgas a las cuales se agarró el recién incorporado amante. Sus dedos incursionaron a través del tanga y se perdieron en una raja que a esas alturas estaba igual de encharcada que la mía.
    
    Mi interlocutor se dio cuenta del poco interés que yo mostraba en la conversación y se percató del motivo de la falta de atención por mi parte, mientras el chico que se había unido a la pareja se deshacía de sus pantalones y penetraba a la mojigata. En vista del caso omiso mostrado por mí, se marchó buscando a alguien, quizás más interesante, sin que por mi parte, su ausencia me supusiera un trauma.
    
    A la par, el trio pasó a ser el centro de atención de la fiesta y se formó un coro en torno a ellos, si bien, la escena ganó interés para unos y una falta de atracción para otros. Éstos últimos abandonaron el espectáculo y los primeros se unieron a lo que rápidamente se convirtió en un desmadre.
    
    Algunos se perdieron por las habitaciones buscando algo más de intimidad, a otros les importó bien poco la intimidad y se incorporaron al desenfreno.
    
    Noté unas manos por detrás cogiéndome de la cintura para luego ir subiendo y apoderarse de mis tetas. Pensaba que era Laura, pero el tamaño era mayor y la forma de apretarlas no ...
    ... eran las mismas, como tampoco lo era la protuberancia que hacía presión reiteradamente en mis nalgas. Desde luego no era ella, pero en esos momentos tampoco me importaba quien fuera porque estaba tremendamente excitada y la sensación resultaba de lo más morbosa y placentera.
    
    La música era ensordecedora. Miré a mi alrededor y muchos bailaban como si la cosa no fuera con ellos, otros estaban ocupados degustando una almeja, otras saboreando una barra de carne, algunos otros fornicando, y yo sintiendo como una polla intentaba horadarme a través de mis vaqueros, y en vista de que era harto imposible mi asaltante me los bajó con cierta violencia, arrastrando también mi tanga, me apoyó en la mesa y me la clavó sin permiso, y también sin condón. La verdad es que no estaba yo para remilgos, pues el placer que me producía la verga que percutía en mi coño distanció cualquier prejuicio al respecto.
    
    Volteé mi cabeza para ver quien era mi follador y me cercioré de que no lo conocía, de cualquier modo, estaba gozando de las acometidas que me daba el desconocido agarrado a mis ancas y embistiendo como un toro en celo, mientras me atizaba sonoros cachetes en mis nalgas.
    
    Ahora ya le había puesto cara al usurpador de mis dominios y estaba disfrutando de sus embates apoyada en la mesa, entretanto mi vista era incapaz de enfocar nada. La música ensordecedora enmudecía los gemidos de la sala. La gente que bailaba no quería dejar de hacerlo y la que disfrutaba del sexo tampoco.
    
    Mi cara ...