1. Memorias de juventud


    Fecha: 15/08/2024, Categorías: Confesiones Autor: Gargola, Fuente: CuentoRelatos

    ... era un fiel reflejo del placer que me estaba dando mi jinete e inmediatamente un orgasmo se fraguó en mi columna vertebral e inmediatamente golpeó mis entrañas como una corriente eléctrica originando intensos espasmos en mi coño, de tal manera que mientras gemía de gusto me percaté de que unos metros más allá Laura me clavaba la mirada más profundamente que la polla que estaba incursionando en mis adentros, aun así, el clímax no remitió, más bien, al contrario. Parecía no querer abandonar mis bajos, de tal modo que no podía hacer otra cosa que seguir gozando, gimiendo, pero sobre todo, no podía dejar de mirar a Laura hasta que poco a poco el orgasmo fue abandonándome.
    
    En ese momento bajé la mirada como si tuviese que estar arrepentida o sentirme mal por aquello. Noté un vacío en mi interior. Mi follador me dio la vuelta, me arrodilló, y contemplé la formidable verga —lubricada por mis flujos— que acababa de proporcionarme un delicioso orgasmo y que ahora reclamaba mi boca para obtener el suyo y alojar su simiente. Miré a Laura con la enhiesta polla delante de mi cara a la espera de mis caricias, y en vista de mi abstracción, unos fuertes pollazos en la cara me sacaron de mi enajenamiento. Cogí el rabo desde su base y me lo metí en la boca con la intención de darle placer al dueño de aquella magnifica verga y estuve afanada en la tarea durante unos minutos, aun así, parecía que no imprimía la cadencia deseada por él y aceleró el ritmo con movimientos más contundentes ...
    ... intentando follarme la boca. Mientras tanto, busqué de nuevo con la mirada a Laura y no la encontré. En ese mismo instante un chorro de leche se aventuró hasta mi estómago haciéndome abandonar el falo en un arrebato al provocarme una arcada. Mi amante se cogió la polla con una mano, mi cabeza con la otra y echándola hacia atrás y siguió rociándome la cara con su esperma, soltando un trallazo tras otro.
    
    El morbo que suscitaba esa situación fue el summum. Mi rostro estaba completamente impregnado de la viscosa sustancia. Me hubiese gustado aproximarme a Laura, besarla y compartir ambas un húmedo beso, así como a Edu, pero ella ya no estaba, se había ido, de todos modos, era impensable pretender que ella estuviese con un hombre.
    
    Me vestí con la intención de marcharme a casa, pedirle disculpas e intentar reconciliarme con ella, en todo caso, yo sabía que no le debía explicaciones y así se lo intenté hacer ver en más de una ocasión, en cambio, Laura conseguía hacerme sentir culpable por mancillar una relación que para mi no era la misma que para ella.
    
    Edu también se vistió y me propuso que nos fuésemos a un sitio más tranquilo y acepté. La verdad era que él me gustaba y no me apetecía tener que bajar la cabeza ante Laura por unos hechos de los cuales no me arrepentía.
    
    Aunque ninguno de los dos estábamos en condiciones de conducir, nos fuimos con su coche buscando un lugar tranquilo. Aparcamos en un descampado a las afueras de la ciudad. No éramos los únicos del lugar, pero ...