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Esta putiesposa y los amigos de mi marido
Fecha: 11/09/2024, Categorías: Confesiones Autor: Patita Putita, Fuente: CuentoRelatos
... ese descomunal invasor. ¡Me duele! ¡Por favor, no, no, no, ustedes nomás vienen a cogerme! Emborrachan a mi marido y me hacen sus cosas ¡aaay! ¡miren como me tienen! ¡ensartada, aaay! ¡Me duele! No podía creer como estaba siendo cogida. (No es cierto, pinche mentirosa, sí podía, eso era lo que queríamos) En mi panochita, Ortega me empujaba su palo hasta adentro mientras que en mi adolorido culito Martínez ya me había metido la totalidad de su vergota. Ya no importaba, yo sabía que, pasando la cabezota, entraba toda. Y entró aflojando el orto. Se rozaban adentro, provocándome oleadas de dolor y de placer, desencadenando orgasmo tras orgasmo, volviéndome loca y haciendo que mis lamentos se oyeran por toda la casa, este delicioso tormento duró hasta que se vinieron arrojándome chorros de semen. Mi culito apretaba latiendo la vergota que lo invadía como si tratara de exprimir toda su leche. ¡Que bárbaros son! Que cogida me han dado. Ya me hicieron su perra, su ramera, su puta ¡aaay! Decía yo chorreando mecos y tratando de recobrar alguna compostura. Cuando se vestían los oí comentar que para la próxima vez traerían a otro más para tenerme entre tres. No dije nada, ya ni me enojé. La idea me empezaba a gustar… Al día siguiente, muy contentos, en el desayuno platicamos de la experiencia, él había estado espiando desde arriba como había sido una buena putota chingona, viendo como me jodieron y culearon. Dormimos y al despertar trepamos como locos de lo ...
... contentos y calientes que estábamos. Ya no le dije nada, me había gustado ser una putiesposa chingona. Unos dos fines de semana después se repitió la fiesta, mi maridito me avisó de la visita, y cumpliendo su palabra, trajeron a otro, que ya sabía a qué venía. A chingarme. Me bañé y perfumé con cuidado. Si, si ya me habían cogido ellos como quisieron, y ya me habían hecho su en su chupapollas, que más daba darle las nalgas a otro (¿A otros?). Sin esperar mucho, bajé para atenderlos adecuadamente, ya vestida de buscona: una faldita elástica minúscula, que dejaba ver las nalgas, una blusita muy transparente, sin brassiere, calzoncitos hilo-dental y zapatos de tacón alto. Nos cruzamos en la escalera, Ortega subiendo mi marido a la recámara. Cuando nos cruzamos, creo que murmuró con voz de borrachote: ¡Putota cabrona! Nadie le hizo caso. ¡Era cierto! Ya en el sofá, de inmediato, Martínez comenzó a manosearme, a meterme la mano por todos lados. Y yo lo dejaba. A propósito, abría las piernas y les facilitaba meterme los dedos por mi tamalito. El nuevo amigo, Giménez, primero sólo me veía, admirando mi cuerpo, poco después comenzó a cachondearme también, primero cuidadosamente me movía las chichitas. Como distraídamente me desabotoné la blusa. Sin esperar mucho me quitaron la faldita y la blusa. ¡Su puta estaba encuerada y lista para copular y mamar! Ya sabía y quería que me cogieran por todos lados, estaba contenta ¡me había gustado de a madres! Cuando bajó Ortega, me ...