1. Esta putiesposa y los amigos de mi marido


    Fecha: 11/09/2024, Categorías: Confesiones Autor: Patita Putita, Fuente: CuentoRelatos

    ... la golfa de los amigos de mi marido.
    
    Cuando llegaron otro viernes, ya entrando, vi las miradas libidinosas, de aquellas de: ¡Te voy a coger mamasota! Y pues sí, ya todos sabíamos que hacer.
    
    Sin ninguna vergüenza, los recibí, con ropa “de puta”. Me movía mucho para atenderlos, cada vez que pedían una cerveza, me agachaba o con cualquier pretexto, me sentaba o paraba, enseñando los calzoncitos, que eran muy chiquitos y transparentes. Y me pasaban las manos por todos lados, sin ningún recato.
    
    ¡Mujer! Dijo mi marido con voz aguardentosa… ¿Qué ropa es esa? ¡Si mi amor! ¿quieres que me cambie? Si.
    
    Subí lentamente a cambiarme, en cada paso tenía mucho cuidado en exagerar los movimientos enseñando las nalgas. Regresé con una mascada transparente arriba, amarrada a la espalda. Una minifaldita de gaza, zapatos y nada más.
    
    ¿Así estoy bien amor? Le pregunté. Medio abrió los ojos y murmuró que sí. Cerrándolos en seguida.
    
    Ya no se preocuparon de llevarlo a la cama. Lo pasaron al sofá individual, y comenzaron a cachondearme. De piernas abiertas, yo solo gemía. Aagghh… si… si… así…
    
    De pie, de espaldas a mi marido, les ofrecí mejor las chichornias descubiertas, que enseguida estaban siendo mamadas por los cabrones cachondeando la concha. Ya calientes, e incliné y jalándome de las nalgas me empujaron uno de los palotes, dándome otro a mamar.
    
    En algún momento ...
    ... mi marido dijo con voz borrachienta y de ojos cerrados.
    
    ¿Qué haces vieja? Me están cogiendo amor… ¡Ahhh! Y siguió durmiendo el cornudo.
    
    Se cambiaron de lugar varias veces, poniéndome de a perrita o inclinada o arrodillada, o sentada de piernas abiertas, variando las metidas de garrote. Me decían: ¡Siiii, putota, vente hija de la chingada, vente pinche perra, dame las nalgas… sí… abre a boquita que te la voy a llenar de verga…! Grité como siempre, al venirme o al gozar. Sin importar mi maridito.
    
    Y como antes, (ya sabíamos para que…) uno se acostó en el suelo con la verga bien parada, me le monté yo solita, acomodándome el palo para metérmelo bien y que otro me aflojara el culo. Sabían que me gustaba. Moviendo suavemente el culo, me puse algo de gel en el chiquito, acariciándolo con los dedos, y me apunté la macana con la mano a la entradita, entró muy fácil, mi agujerito ya estaba bien aguantado y acostumbrado. Me vine varias veces. Me gustaba mucho, ya era “culera” certificada.
    
    Bueno… culera… mamadora… putota chingona…
    
    Pasé a ser una puta corrida… Fácilmente me metían las pichas por todos lados… y yo feliz, gozando.
    
    Sí. Si era una putiesposa muy puta, solo no lo había descubierto antes. Me arrepentí después de no haber cobrado. Habría sido una bella alcancía. Igual, algunos dejaron algunos pesos en la mesita. ¡Ganados con el sudor de mis nalgas! 
«1...3456»