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El buen párroco
Fecha: 18/09/2024, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Había fama entre el mujerío de la parroquia de que nuevo párroco que les había tocado en suerte, un buen mozo que ya no cumpliría los 40 tacos, se gastaban una buena herramienta, según contaba la Juana, que hacía de ama de llaves, la cual decía a las comadres que le había entrevisto cuando iba a llevarle las toallas para el baño, “ tenía carnes y nalgas prietas y blancas tirando a rosáceas, de incipiente barriga de preñez, y y un colgajo de buen factura grande y regordete, y un tanto cabezón y algo que le chocó fue lo negro de la bestia”. Se relamía la buena de Juana cuando contaba a sus comadres el hecho entrevisto, lo cual le había afectado a los bajos, pues tenía la entrepierna mojada de madre, y máxime cuando empezó a trajinar en la mollera la forma de ser beneficiada por el uso y si pudiera ser el abuso de tal badajo. El cura tampoco era ajeno a esa expendeduría de carnes, y dejó a lo largo de tres largos meses que la Juana también metida en años y carnes, con buen culo cabalgón y buenas tetorras, se cociera en sus propia salsa, no por ello dejó de cebarse en enseñarle en juego de quites y desquites la herramienta de sus ensoñaciones, además bien sabía el buen cura que la Juana sería la borrega que le iría trayendo al resto del rebaño, pues ya le había llegado al oído que llevaba viuda unos años, y que le gustaba tocarse y tocarle a los susodichos curas el badajo. Al final ya se sabe el hambre y las ganas de comer, son un hecho y no tardaron mucho el cura y el ...
... ama, en freírse en el caliente aceite del sexo. Hallábase al cabo de unos cuatros meses, el buen párroco en su solana galería, tras una noche de insomnio y migrañas, se puso el antifaz nocturno y arrellanó en el sillón orejero, creyendo estar solo, y dado el calorcillo de la galería pronto su amorcillado príapo le requirió atención, sacólo del lugar y dejó la poronga cabezona al aire, tras la adusta empuñadura, para que así tomase el sol en el fondo y en la forma, ante lo cual para sentirse más cómodo se sacó los pantalones y arremangada la sotana allí al sol fue calentando tan negra bestia, así como sus dos grandes cojones. La Juana que había llegado antes de lo previsto, sin hacer ruido alguno se llegó a la galería pues había odio algún sibilino resoplar, y se quedó in albis, ante tal espectáculo, pero la muy ladina no se quedó quieta, pues pronto notó como los sudores le bajaban de la espalda y de la frente hacia su vértices frontal y trasero, haciendo de sus bragas una esponja de sabroso contenido. Siguió sin desperdicio la estampa y la incipiente paja que el sacerdote iba a realizar , se rebozó lo que pudo metiendo las manos en sus bragas, al final se las sacó y se embadurnó con el mejunje que el párroco utilizaba tras afeitarse, y tras ver como el religioso ya iba por buen camino, con sumo cuidado fue soplando sobre la cabeza del grueso pollón, el buen cura al sentir el aliento y aquella enroscada lengua sobre el príapo este empujó de un empellón la cabeza hacia ...