1. El buen párroco


    Fecha: 18/09/2024, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... abajo, entrando a todo trapo por el orificio bucal hasta la misma campanilla de la Juana, que no sabía si atender a esta eventualidad o la de su entrepierna.
    
    Embardunó, tras la forzosa mamada que le llevo casi que al vómito, sus dedos se subió las faldas a la vez que le dio a chupar al religioso sus pringosos dedos que el cura chupó golosamente, cuando el príapo alcanzó en lo que pudo la verticalidad, sintió el peso de la gravedad y la entrada en el cavernoso chocho de quien fuera, pues sabía quien era y no quería ver la verrugosa jeta de su ama, se contentaba con sentirla, dando botes y ayes calzándose su buen rabo, no es que tuviera mucha longitud, pues tras asirlo para las pajas al religioso le quedaba franca la cabezona, que era de órdago, como un buen vaso de cubatas.
    
    Bien lo sabía el condenado que había dejado contentas y preñadas algunas parroquianas de su anterior destino, y lo que fue peor preñó a una madre abadesa metida en años, y como no a unas monjitas más jóvenes tan enamoradas que quedaron por ese dulce grosor que las llevaba a los más diversos viajes místicos, decían ellas.
    
    Pero ya se sabe de tanto ir a por agua el cántaro se rompió, y bajando el destajo y descontentas la obreras, y habiendo aparecido las abultadas barrigas hubo problemas, y antes de que el escándalo llegase a más, el obispo enterado de la cuestión y que una de sus sobrinas era una de las preñadas, y que se hallaba abducida por tal príapo queriendo irse tras él al fin del mundo, ...
    ... puso el prelado al sacerdote al frente de la parroquia más lejana, roñosa y vieja que tenía.
    
    Mientras D. Salustiano Pajero de deleitaba con el recuerdo de las parroquianas más lozanas y las jóvenes novicias, la Juana sentía entrar no un mástil, sino un auténtico badajo monacal, sobre el cual se alzaba como podía para dejarse caer sobre aquella trompa vuelta del revés, el buen cura pese a seguir con el antifaz puesto logró soltar las tetorras de su bestial jodedora, bien sabía por el olor que era la Juana, no en vano la había ido poniendo a tono, y bien sabía la arpía beneficiarse del martillo pilón del cura, al que pedía más y más, ¡hasta las entrañas cabrón¡ ¡Metemela hasta los cojones Jonías del Averno¡
    
    ¡Que gusto, me corro como una puta, jodido cura del demonio¡ Así jódeme bien hasta que se atasque el mamporro de pirulón que te gastas!
    
    La Juana bajaba sus manos para recoger las mieles bajeras y embadurnarse las tetorras y que el cura quedara embriagado por tan rica salsa, lo que le ponía berraco pues ya no era babear sobre sus buenos pezones, que se pusieron como pitones cuando el bajado le hizo llorar de gusto y hasta mearse le hizo.
    
    Tan denso era el olor y el sabor y las ganas que tenía la Juana de unos buenos embistes ajenos a su sube y baja que llevó al cura de la mano y poniéndose a cuatro patas invitó al cura a correrse de una puta vez en plan berraco, lo cual no tardó en suceder pues las sacudidas habían transportado a Don Salustiano Pajero a su particular ...