-
La perversión de mi suegro
Fecha: 03/11/2024, Categorías: Incesto Autor: Alfil-1, Fuente: CuentoRelatos
Me llamo Andrea, y ahora tengo veintisiete años. Hace un año y dos meses que me casé, y la frase adecuada sería “Llevo un año y dos meses felizmente casada” pero la realidad es que llevo un año y dos meses casada y soy bastante feliz desde hace dos meses. De pequeña era algo gordita y con gafas, y se solían meter bastante conmigo, ya conocéis la crueldad infinita de los niños contra el bajito, el gafótas, el gordito, el diferente, y en el caso de ser chica puede llegar a ser peor. No obstante, me refugié en los libros y acabé la carrera de químicas. Ahora trabajo haciendo pruebas en un laboratorio enfundada en un traje de esos que no se ve quién va dentro. También mi cuerpo ha cambiado y esos kilos de más, que tenía de pequeña, se han repartido bastante bien por mi cuerpo dejándome unas medidas de ciento diez, sesenta, ciento diez. Quizás me sobre alguno, pero se me han ido a las tetas y al culo de una manera preponderantemente sensual, dejándome una cintura bastante estrecha. En el último año de carrera conocí a Javier, después de haber tenido un par de cortas relaciones con dos chicos, de esas de polvos rápidos y no muy satisfactorios. Dos años después, cuando ya los dos trabajábamos, nos casamos. Javier era un tío majo y agradable, o por lo menos eso pensaba en ese momento. Es hijo único, y estaba muy apegado a sus padres, sobre todo a su madre. Los dos me parecieron majos y me trataron como si fuera una hija al poco de conocerme. Las relaciones sexuales no ...
... fueron mucho mejor que las que había tenido anteriormente, pero parecíamos entendernos en lo demás. El idilio duró poco tiempo, pues a los pocos meses me di cuenta de cómo es en realidad Javier. Creo que nunca estuvo enamorado de mí, pues el fervor que siente por su madre debía anular a cualquier otra mujer, incluida yo. Ana, su madre, es una mujer alta, delgada, con un pequeño culo respingón y unas tetas que le encajan en dos tazas de té. Su sonrisa, casi continua, es más falsa que una moneda de plástico, y su carácter es totalmente manipulador del que hace uso con su marido, y por supuesto con Javier. Roberto, mi suegro, si que es afable de verdad, y su sonrisa es sincera además de ser simpático. A sus cincuenta años se conserva muy bien y siempre ha sido muy atento conmigo. Todo dio un vuelco al año de casados, cuando en verano Javier decidió unilateralmente que iríamos de vacaciones con sus padres. Mantuvimos una pequeña discusión cuando me lo dijo, pues yo no estaba muy de acuerdo, pero finalmente cedí para no empeorar las cosas. Los padres de Javier funcionan bien económicamente y habían alquilado un chalet en primera línea de playa con una piscina en la parte trasera. En esto no me podía quejar, con los ingresos que teníamos nosotros no nos podíamos permitir algo así. Al tercer día de vacaciones ya estaba hasta el mismo coño de Ana y sus manipulaciones, ella parecía decidirlo todo sin dar opciones a los demás. Javier y Roberto eran como dos serviles criados ...