1. Mi tía, mi prima y la montaña (4): Un día movido


    Fecha: 01/12/2024, Categorías: Incesto Autor: Alfil-1, Fuente: CuentoRelatos

    ... pezones que me había descrito Laura. Creo que mi polla reaccionó ante esa imagen, mitad real, mitad imaginada.
    
    A la media hora ya se había soltado por completo y me tocaba el hombro cuando me hablaba y a veces la pierna. Se reía sin reparos abriendo su gran boca y recordé la escena que me había descrito Laura comiéndole la polla a su padre. Estaba tan salido, que tan solo con imaginarlo mi polla se endureció y temí que se notara el bulto en mis pantalones cortos.
    
    En un momento dado Laura se levantó.
    
    —Me voy a ver los conejos que hace tiempo que no los veo!
    
    Dijo con una sonrisa algo pícara. Al momento se perdió andando hacia el fondo de la finca. Marta y yo nos habíamos quedado mudos, a ninguno de los dos nos salían las palabras. Nos mirábamos, nos sonreímos, pero estaba seguro que los dos pensábamos en follar.
    
    —Tienes una sonrisa preciosa! Me atreví a decir rompedora el incómodo silencio.
    
    —Gracias! Te gusta mi vestido? Preguntó abriendo descaradamente el escote para enseñarme una de sus tetas casi al completo.
    
    Fue tan descarado que pensé que quería oír mi opinión sobre sus tetas y decidí tirar a lo derecho.
    
    —Es muy bonito, pero creo… que tus tetas lo son más!
    
    Parecía que estaba preparada para una pregunta de ese calibre y su respuesta fue inmediata intentando que me reafirmara.
    
    —De verdad que te gustan?
    
    —Por supuesto! La parte que se ve me parece deliciosa!
    
    Lancé el azuelo haciéndola saber que me gustaría ver más. Se quedó pensando unos ...
    ... instantes mirándome con una sonrisa diferente, ahora en su gran boca se dibujaba la lujuria.
    
    —Te gustaría verlas? Me preguntó con ojos brillantes.
    
    —Estoy deseando! Dije casi con naturalidad, como si aceptará un refresco.
    
    —Ven, vamos a la cocina a por otra cerveza! Dijo levantándose de la mesa.
    
    La seguí como un perro cuando le da la orden su amo. El vestido se ajustaba a la mitad de su pequeño culo y después se abría en un par de volantes, algo que favorecía a su delgada figura. Mi mente de salido volvió a actuar pensando en lo delicioso que sería abrir un culito tan pequeño. Cuando llegamos a la cocina se dio la vuelta quedándose frente a mi a menos de medio metro y sin previo aviso tiró de la tela del vestido haciendo que un par de corchetes saltaran. No llevaba sujetador y sus tetas afloraron con dos pezones como pepinillos apuntando a mi pecho.
    
    —Que te parecen? Me preguntó con una sonrisa lasciva que llenaba toda su cara.
    
    Tragué saliva con los ojos fijos en sus dos pitones rodeados por una pequeña aureola. Me dieron ganas de empezar a chuparlos, pero mi mente racional, que por suerte todavía funcionaba, me advirtió que no era el momento.
    
    —Son realmente preciosas, como tú!
    
    Contesté en un intento de halago a toda ella. Me imaginaba que recibía pocos piropos, y cualquier halago lo recibiría con entusiasmo.
    
    Como un resorte se pegó a mi y su gran boca tapó la mía. Instintivamente lleve mis manos a su espalda y agarré su pequeño culo. Era pequeño, pero ...
«1234...7»