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Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (12)
Fecha: 07/03/2025, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos
Mari comenzó a trabajar la semana después de lo que ella denominaba “el incidente”. El tortazo a su hijo le había dolido en el alma, cada vez sentía más dolor en su mano como represalia del golpe que dio. Sin embargo, su mente se paraba más en el posible error que había cometido. Lo que hizo su hijo le parecía grave, tener relaciones sexuales con su tía era del todo inapropiado. Pero en el fondo tenía otro sentimiento que le dolía más. Aquella semana que empezó a trabajar, disponía de tiempo para pensar entre cliente y cliente. Estaba claro que el golpe fue desmedido y quizá el castigo de sacarlo de casa así de primeras era del todo desproporcionado. Pero es que Mari se sentía traicionada, su mente dejó a un lado la idea de que su hijo era un degenerado, porque entonces ¿qué era ella? Había… hecho “algo” que casi no podía admitir, la palabra sexo no surcaba por su mente y follar… muchísimo menos. Ese “algo”… estuvo bien, no lo iba a negar, incluso las dos o tres veces que lo recordó antes de dormir hizo que su piel se erizase, sin embargo, era algo que debía olvidar. El trabajo le daba la posibilidad de pensar mucho menos, aunque el sentimiento de culpa seguía allí, a ratos incluso olvidaba que su hijo ya no vivía con ella. La gran mayoría de su pesar se centraba en ella misma. Recordando el momento, en el primer instante, su cuerpo le pidió echar a su hijo de casa y lo hizo. Sin embargo no pudo con lo segundo, hablar con su hermana e insultarla como bien quería. ...
... Pero ¿por qué no? En el fondo sabía que habían actuado de la misma forma. Por momentos lo asumía con más naturalidad. Sentada en la mesa de la cocina, después de cenar, siempre dedicaba un rato de forma involuntaria a darle vueltas a todo de nuevo. Incluso de vez en cuando salía de su mente la opción de pedir disculpas, pero rápido se volvía a esconder, era Sergio el que debía disculparse, ella… era… la segunda. —Mamá, —Mari se dio la vuelta asustada, pensando que su hijo podría estar allí. Era Laura— ¿qué tal estás? —Bien, hija. Un poco cansada, esto de trabajar agota. —Sí, debe ser agotador… casualmente… vengo a lavar yo misma lo que queda de la cena. Nada de que lo hagas tú sola. —su madre se rio. Laura dejó correr el agua hasta que estuvo caliente y comenzó— Ayer hablé con Sergio, dice que está contento, que la residencia de estudiantes es cómoda. “¡Qué alivio!” desde que se fue, su madre no sabía que sería de él, su corazón siempre estaba agarrotado pensando en donde pasaría las noches. —Sí, ya me dijo. —mintió. —Me da pena que no este, fue todo tan repentino, no me había dicho nada de que se quisiera ir. —Los chicos, cariño… —Mari no sabía muy bien por donde salir— Son impredecibles, ya los irás descubriendo. —Pero, podría volver, me gustaría que estuviera aquí. —la mujer sintió una punzada ardiente en el corazón. Logró mantenerse serena. —Lo decidió él, mi vida, tenemos que respetar su decisión. —menos mal que estaba de espaldas a su hija, ...