1. Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (12)


    Fecha: 07/03/2025, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos

    ... si no le hubiera notado la marca de la mentira en su rostro.
    
    —Podríamos… no sé… igual si le insistimos vuelve. Tal vez es por algo que le ha pasado algo.
    
    —Laura —dijo en un tono neutro, pero que sonó a autoritario—, es lo que ha querido. No le ha pasado nada, está bien. Solamente querrá soledad.
    
    —Vale… —el tono parecía duro. A Laura no le gustó, pero lo aceptó, seguramente su madre también le echaría de menos— Voy a cama, ya está todo limpio.
    
    —Gracias, cariño. Descansa.
    
    Laura se alejó hacia su cuarto, dejando a su madre sola mientras terminaba de comer una manzana y una pequeña lágrima solitaria le asomaba por el rostro. Estaba mejor trabajando que en casa, no podía soportar el dolor que sentía, expulsó a su hijo de su hogar, pero… tenía una razón, ¿no?
    
    Mientras la mujer se limpiaba aquella lágrima rebelde que brotó hasta su mejilla derecha, Laura como todas las noches hablaba con su hermano por mensajes. Era la forma de estar unidos pese a la lejanía y como de costumbre, ella le comentaba como estaba su madre… “Algo decaída”.
    
    Después de un rato de preguntas y risas por parte de ambos, Sergio tuvo que cortarla. Llevaba instalado una semana en su nueva habitación cuando de pronto, llamaron a la puerta, esperaba que no fuera el conserje ni nadie encargado de asegurar que Marco Gutiérrez siguiera allí. Por si acaso, cogió la fotocopia del DNI que siempre llevaba en la cartera. Mandó un mensaje a su hermana.
    
    —Luego hablamos, te quiero, tata. —sin darle ...
    ... tiempo a leer la contestación se levantó.
    
    —Te quiero, tato.
    
    Se acercó a la puerta despacio, queriendo no hacer ruido como si aquello fuera a hacer que la persona tras la entrada fuera más o menos amable. De nuevo otro golpe, sonó metálico y frío, algo que le extraño de sobremanera y abrió con dudas, sin muchas ganas de saber que producía ese ruido.
    
    —Mira que el cuarto es pequeño para tardar tanto en abrir…
    
    La figura de una mujer menuda, con el cabello corto, de color negro y puntas azuladas se erigía en la puerta. Unas gafas se alzaban sobre una pequeña nariz rodeada de pecas casi invisibles que rodeaban unos ojos verdes deslumbrantes. Se veían mucho más lindos sin el rojo de la otra vez. Lo único que cambiaba esta vez en la muchacha, era que Carolina, veía vestida.
    
    —Tú.
    
    —¡Yo! Te venía agradecer lo del otro día. —mostrándole ocho latas de cervezas, Sergio torció el rostro al verlas— Esto a los tíos os mola ¿no?
    
    —Lo de hace una semana dirás.
    
    —Bueno, no te pongas exquisito, la cosa es que he venido, y mira… —agitaba las latas delante de su cara con gesto cómico— Birras… ¿Te gustan?
    
    —Supongo.
    
    —Oye, —miró de nuevo el número trece de la entrada— ahora que pienso… antes vivía aquí el fumado ese… como… como era…
    
    —Marco.
    
    —¡Ese, ese! Parecía buen chaval, pero, joder… todos los días en la luna, creo que se le quemó el cerebro. —aspiró un poco con su pequeña nariz haciendo que las gafas cuadradas se le movieran— Todavía huele a marihuana.
    
    —Trato de ...
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