-
Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (20)
Fecha: 16/03/2025, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos
... nunca, disfrutando de algo que se lo habían negado por tantos años hasta casi olvidarlo. Mari sintió una punzada de placer cuando le succionó el clítoris, tanta que asió de la nuca a su hijo tratando de ahogarle con su sexo con la intención de que no se separase jamás. El joven no se iba a ir a ningún lado, incluso introdujo un dedo en el interior de su progenitora haciendo que la cadera de esta se moviera gozosa. La mujer sonreía mientras echaba la cabeza para atrás notando un torbellino en su interior. Se lo estaba pasando tan bien que no recordaba otro momento más divertido que ese… su hijo devorando su entrepierna encima del escritorio. Aceleró la succión del clítoris viendo lo que le gustaba y con un dedo revoltoso masajeó las apretadas paredes de su madre, hasta el punto que Mari ya no podía cerrar la boca. La necesitaba bien abierta para respirar. El momento de sacarlo todo llegó. Mari con el dedo de su hijo moviéndose cada vez más rápido, no podía sostener más un orgasmo importante. Se contrajo, apretando los labios, cerrando los ojos y retorciendo los dedos de los pies hasta que parecieron las garras de un halcón. Se dejó caer todo lo que pudo en la mesa, topando su espalda caliente con el contraste frío de la pared, le daba lo mismo. Soltó sus manos para llevar ambas a la cabeza de su hijo, la cual agarraba con fuerza y la dirigía de arriba abajo mientras este daba profundos lametazos. Su vagina se contrajo y comenzó a expulsar todo lo que allí se ...
... había formado. No hubo gritos, ni gemidos, solo una incontrolable vibración que no la dejaba abrir los ojos como quería. Aunque sí que podía hablar, puesto que mientras que un orgasmo increíble seguía anegando su cuerpo, le decía a su hijo. —Comételo todo… —apretaba su cabeza con temblorosos dedos— No dejes nada… Obedeció a las peticiones de su madre como todo buen hijo debe hacer y no se puso de pie hasta que terminó su trabajo. Cuando lo hizo, se alzó, apartando la silla con sus propias piernas, mientras Mari, todavía tumbada, le observaba con un pecho acelerado. Sergio vio a su madre como una verdadera leona, aunque en parte herida por un orgasmo que la había dejado indefensa. Tenía el rostro enrojecido, unos ojos brillantes como nunca antes y los pies, que seguían en el aire, temblaban de manera ostensible. Aprovechó para pasar su mano por la pierna de esta, simplemente acariciándola, pero Mari no lo soportaba, seguía sumida en un orgasmo constante que la hizo sollozar y moverse en un espasmo. —¡Métemela! —vio como le miraba su hijo, quizá esperando a que se le pasase— ¡Métemela, ahora…! Ya no estaba delante de su madre, solo de una mujer que en aquel instante y solo por un intervalo corto de tiempo, era su amante. Hizo lo que le pedía, su pene estaba duro como antes, apenas había retrocedido unos milímetros que volvió a recuperar. Lo cogió con todos sus dedos rodeando el tronco como hizo Mari minutos atrás. Colocándolo en la cavidad de la mujer, esta se ...