1. Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (20)


    Fecha: 16/03/2025, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos

    ... podía estar hablando de ello— Soy una mujer casada, te saco cien años y quiero que tengas una vida. Más allá de lo que pasó, no es bueno que tengamos una… relación como esa.
    
    —Te quiero decir lo que pienso. —dio otro paso, estaban muy cerca— Te amo, lo he pensado y claro, te quiero como mi madre. Pasó algo en mi cuerpo, no sé, me atraías, me volvías loco, me gustabas más que nada y me pareces preciosa hasta decir basta. —las palabras de Sergio llegaban a Mari que se empezaba a ruborizar mientras miraba a otro lado— Fue deseo, atracción, pasión… siento esto que te voy a decir… no se me va a pasar, lo sé. Pero aunque lo piense, no lo expresaré más, solo quiero que volvamos a ser madre e hijo, me duele no estar junto a ti.
    
    —Opino lo mismo. Necesito que volvamos a ser una familia, una familia… normal.
    
    El silencio se volvió a apoderar de ellos, les envolvía como un manto cálido y los sonidos de la calle se amortiguaron hasta acallarse. Esta vez Mari movió sus botines, haciendo un leve ruido que sonó como un eco lejano. Estaban a la par, sus ojos se miraban fijamente y sus cuerpos estaban separados por escasos milímetros, de moverse o respirar más de lo debido, el pecho de Mari golpearía en su hijo.
    
    —¿Has pensado en mí? —la tensión se acrecentó y la pregunta era necesaria. Mari sabía a lo que se refería, el calor en sus cuerpos estaba aumentando y el pene de Sergio empezaba a rugir.
    
    —Sí. —le avergonzó la respuesta, pero no se acobardó y mantuvo la mirada a Sergio— ...
    ... ¿Tú?
    
    Asintió muy despacio, sabían que los dos habían tenido vivos recuerdos del momento más íntimo que jamás tuvieron. El joven descendió ligeramente la cabeza, Mari la levantó, eran dos imanes atrayéndose, el meteorito atraído por la gravedad de la tierra, una colisión inevitable.
    
    Los labios de Mari, pintados de un vivo color granate, se acercaban a un paso de caracol que a Sergio le pareció erótico. No cerraban los ojos y tampoco se miraban, parecían que oteasen dentro del cuerpo, justo viéndose el alma.
    
    Las manos del joven ascendieron, haciendo contacto en la cintura de su madre después de tanto tiempo, para él, más de un siglo. Mari lo sintió, junto a una electrizante sensación de pasión irrefrenable que la volvía loca. Sabía lo que ella quería, sabía lo que su hijo quería, aquello no se podía parar, había que ponerle solución. Estaba desestimando sus palabras apenas un segundo después de decirlas. La pasión les robaba el raciocinio.
    
    Sergio sentía lo mismo, las ganas locas de estar con su madre le consumían, aunque un pensamiento, solo uno, le hizo detenerse en una millonésima parte de segundo “Carolina”. ¿Por qué aparecía su amiga en ese instante? No eran novios, solo amigos, porque esa sensación de que ella le importaba.
    
    El sonido de la campanilla les despertó de su real sueño. Una clienta entró sonriente a la tienda, una mujer de avanzada edad que saludó rozando el grito a Mari, respondiendo esta de forma automática.
    
    —Sandra, ¿qué tal?
    
    La tensión se ...
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