1. Amalia: mi primera vez con una mujer madura


    Fecha: 31/03/2025, Categorías: Erotismo y Amor Autor: G_Russo, Fuente: CuentoRelatos

    ... sus senos, donde me detuve un momento a devorar dos pezones que pedían a gritos ser humedecidos. Pero Amalia no quería que mi lengua reposara sólo en su pecho, por eso con sus manos fue empujándome cada vez más hacia abajo, hacia el centro de su cuerpo, hacia su más profundo sexo. Y ahí estaba yo, y mi boca nuevamente inquieta explorando otros huecos. Mi lengua esta vez estaba deleitándose de su zona húmeda, ardiente, deliciosa, suave. Ella se movía lentamente, se retorcía, su respiración era pesada, me hundía cada vez más la cara contra sus caderas mientras me envolvía con sus piernas. Para entonces sus gemidos ya habían hecho crecer mi tremenda timidez y Amalia se apoderó de ella no bien lo notó. Ahora era su boca la que jugaba con mi sexo.
    
    La manera en que envolvía mi miembro con sus labios yo jamás la había experimentado, simplemente disfrutaba extasiado de uno de los mejores momentos de mi vida. Pero ahí de vuelta apareció la mujer decidida a obtener lo que quería: giró, y mientras seguía jugando con mi pene en su boca, posó su sexo sobre mi cara y otra vez, mi lengua volvió a recorrer su clítoris, sus labios. Esta vez era yo el que empujaba su cuerpo para poder saborear mejor la humedad que emanaba, para ser testigo fiel de semejante obra de arte. Ahora era yo el que estaba decidido a poseer esa figura y hacerla solo mía, aunque sea por un instante. Ese instante en que nuestros cuerpos danzaban en su cama, al compás de la dulce melodía que me significaban sus ...
    ... gemidos, su respiración entrecortada, su voz aguda que murmuraba pidiéndome que no parara. Hasta que mi lengua acelerada hizo que se viniera; lo mismo hice yo, al verla sonriente y satisfecha.
    
    Tres cuartos de hora después estábamos ahí abrazados, enredados en las sábanas, aún humedecidas por nuestra entrega, nuestro sudor. Amalia me había ofrecido un cigarrillo, y ante mi negativa creo que reprimió sus propias ganas de fumar. Volvió a abrazarme, apoyando su cabeza en mi pecho... su cabello olía tan bien.
    
    ***
    
    Amalia tenía 36 años aunque aparentaba menos, estaba separada en proceso de divorcio luego de un fallido matrimonio de doce años, cuyo resultado habían sido dos hermosos mellizos de ocho. Obviamente no estaban en la casa en ese momento porque su padre se los había llevado de viaje por unos días. Ella los extrañaba. Sus ojos se llenaban de lágrimas al recordarlos, sin duda eran su vida. Una vida que había sido bastante apedreada por los prejuicios de los demás, incluso de sus padres, de sus amigos más íntimos. A pesar de haberse casado y formado una familia, nunca pudo dejar de lado ese ángel rebelde de niña adolescente, liberal, sexual. Todo esto me lo contó mientras caminábamos en la costa, antes de terminar yo en su cuarto; ya me había abierto las puertas de su casa mucho antes. Porque a Amalia no se la llevaba nadie a ninguna cama, era ella la que decidía con quien acostarse.
    
    Hoy la culpa ya no la mata por dentro, pero años atrás sí. La primera vez que engañó a su ...