1. Las coincidencias colaterales


    Fecha: 02/08/2025, Categorías: Infidelidad Autor: Ber, Fuente: CuentoRelatos

    Pável es uno de mis clientes, a quien le hago su declaración anual de impuestos. Estudiamos juntos desde la primaria hasta el bachillerato y por tanto somos muy amigos. Esta historia la conocí conforme fue desarrollándose.
    
    Pável y Yolanda se conocieron en una oficina gubernamental; ambos eran subdirectores y el esposo de ella director de otra área. Su amistad fue creciendo mientras se apoyaban mutuamente. En una reunión para festejar el fin de año ella le preguntó con antelación a Pável si él podría llevarla a su casa pues su esposo andaba fuera de la ciudad, atendiendo un asunto de trabajo y ella quería tomar un poco más que de costumbre y como llevaría carro, no quería manejar así. Pável, quien no acostumbraba tomar, aceptó pues su esposa saldría también a otra ciudad, con sus hijos, a visitar a su hermana y se llevaría el automóvil.
    
    La fiesta estuvo alegre y, efectivamente, a Yolanda se le pasaron las copas, al grado de que le excitaba bailar con los compañeros de trabajo. Los más jóvenes se dieron cuenta cuando ella les pegaba su pecho en el baile y en los giros, con las piernas y las nalgas, les tallaba la erección que ella provocaba; evidentemente la manosearon lo mejor que pudieron, excitándola más. Cuando llegó la hora de retirarse, ella se veía muy ruborizada y sus feromonas atraían a cualquier hombre que pasara cerca.
    
    –Ando muy borracha, ¿me dejas recargarme en tu hombro? –le preguntó a Pável cuando ya estaban en el automóvil, recargándose en éste sin ...
    ... esperar respuesta.
    
    –Vamos a tu casa para que descanses –Expresó Pável, pero su miembro empezó a crecer por la concentración de los humores que despedía Yolanda y ella lo detectó pues había colocado su brazo en el regazo de Pável desde que se recargó en el hombro.
    
    –¿Y vas a desperdiciar esto llevándome a casa? –Dijo ella apretando directamente con su mano la turgencia creciente de Pável.
    
    –¿Y qué sugieres? – preguntó él acariciándole el pecho en el amplio escote del vestido.
    
    –Vámonos a un hotel, también estoy muy caliente –le pidió metiéndose bajo el sostén la mano con la que Pável le acariciaba el pecho.
    
    Pavel sólo se detuvo en una farmacia, de 24 horas abierta, para comprar condones. Cuando llegaron a un hotel de paso, el carro olía a sexo de tanto que se habían restregado mutuamente las viscosidades que habían estimulado. A Yolanda le brillaba la palma de la mano llena del presemen de Pável que brotaba gota a gota del miembro que ella había sacado de su guarida. Los dedos de Pável se llenaban con los flujos de la vagina encharcada de Yolanda y se los chupaba para limpiarlos. Yolanda se agachó para saborear la verga bajándole el prepucio y con su lengua recorrió el meato que goteaba exageradamente. Apenas entraron al cuarto asignado y se fundieron en un beso acariciando cada quien con fruición el sexo del otro. Así, besándose, se desvistieron mutuamente dejando regada la ropa en suelo, tal como había caído. Yolanda se acostó y Pável, una vez que localizó el saco, ...
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