Las coincidencias colaterales
Fecha: 02/08/2025,
Categorías:
Infidelidad
Autor: Ber, Fuente: CuentoRelatos
... hurgó en los bolsillos para extraer los condones.
–Yo te lo pongo, hace muchos años que no pongo uno, desde que era la novia de mi marido –solicitó Yolanda extendiendo la mano.
–¿Y antes de eso? –le preguntó Pável, queriendo indagar si su marido fue el primero.
–Mi esposo fue quien, siendo novios, me desvirgó, pero después de un susto, usamos condones –contestó Yolanda, sabiendo a qué se debía la pregunta y, además, amplió la información–. También los usé con otros dos en un momento de calentura, mientras fui novia de mi esposo. Hoy me volví a calentar y le daré a mi marido unos cuernos en forma…
Pavel no captó la trascendencia de esas palabras: Yolanda no sólo estaba caliente, también declaraba que estaba enamorada y que quería una verga adicional para calmar periódicamente el deseo que sentía por Pável. Él por su cuenta, sólo pensaba en cogerse a esa hembra chichona, nalgona y de cara bonita con cuarenta años. Los condones sólo los usaba por profilaxis con algunas aventuras pasajeras y, desde hacía tres años, semanalmente con la joven mucama que lo sedujo a los pocos meses de entrar a laborar en su casa.
Esa noche fue una experiencia deliciosa para ambos. Se amaron de diferentes maneras. Ella tragó el semen de Pável que le pareció más fuerte que el de su marido. Le restregó la panocha en la cara llenándolo del flujo que manaba con cada venida que la lengua de Pável le estimulaba. El último condón fue con el mañanero. Se fueron a desayunar. Ella lo dejó en ...
... su casa y se fue para la suya a descansar.
–Anótame en tu agenda porque quiero tirarte unas dos o tres veces al mes… –Le dijo Yolanda a Pavel antes de subir el vidrio de la ventanilla y poner la palanca de velocidades en primera para avanzar.
En ese momento captó Pável el significado de “cuernos formales” que mencionó Yolanda. Así, ahora tendría que atender a una esposa, dos amantes y las espontáneas que se lanzaran al ruedo. Más que placer, se sintió abrumado porque se estaba buscando tareas extraordinarias a las normales.
Semanalmente, por lo general los viernes en la tarde, Yolanda y Pável se encontraban en un estacionamiento cercano al hotel que frecuentaban y de ahí salían en un auto hacia su rutina de amor. Rutina porque estaba sistematizado el trayecto de ida y vuelta, pero las dos horas de amor eran muy creativas: ejercitaban las mejores posturas que habían tenido con sus consortes o amantes, ella le platicaba de las formas de los penes que conoció y él de la variedad de los pezones que mamó. Ponían en práctica algunas posiciones que habían descubierto en Internet, lamían los postres que ponían en las partes pudendas del otro, se contaban fantasías. En fin, cogían mucho y variado, pero siempre con condón pues uno nunca sabe de las actividades que con otros tengan sus parejas sexuales.
–No, no quiero que te pongas condón –exclamó Yolanda–. Quiero sentir cómo me llenas de calor…
–Pero te puedo embarazar… –replica Pável.
–No, el condón es para cuidar a ...