-
Puticas en avenida La Cordialidad
Fecha: 03/08/2025, Categorías: Control Mental, Autor: Hades, Fuente: CuentoRelatos
... la bomba, caminé hasta la entrada del motel de la bomba, en la que hay una valla de alambre. Detrás de esa valla, de pie, estaba la venezolana, y con ella otra chica, prostituta también, y un man. La venezolana tenía un vestido enterizo corto de color rosado neón con motivos de flores, bien ceñido al cuerpo. Era verdad que estaba más gruesa, la vi más bonita, más sexy. La llamé y se acercó. -¿Te acuerdas de mí? -le pregunté. -Sí, claro -dijo. -¿Estás de servicio? -Sí. -Vamos a mi casa. -No puedo. No me dejan salir. -¿Por qué? -Lo que pasa es que estoy esperando a alguien. Es un cliente que no demora en venir a recogerme. Si quieres podemos hacerlo en una de las habitaciones de aquí. -¿Y si te espero? -No te sabría decir. Porque es un buen cliente. Siempre que me solicita se gasta dos, tres horas. La verdad no sé. -De todos modos te voy a esperar. Tras una breve pausa, agregó: -Me hubieras dicho más temprano. Como no concretamos nada, se alejó para reunirse de nuevo con el man y la otra muchacha. Yo me quedé recostado en la valla, desde donde la miraba, desde donde contemplaba su ilusoria belleza. Después se fue, acompañada por el man; cruzaron la avenida. Del otro lado los esperaba un muchacho que acababa de llegar. Y los tres tomaron la entrada de Villa Estrella por el costado de la Olímpica. Me fui. La chica que había visto parada en la acera todavía estaba allí. Por un segundo pensé en detenerme y preguntarle cuánto costaba ...
... un polvo, pero me arrepentí. Tenía buena pinta pero su expresión hosca y su apariencia sucia no me entusiasmó para nada. Seguí de largo. A mi derecha, los frentes oscuros de los talleres mecánicos; a mi izquierda, la avenida, el zumbido a algunos carros y del otro lado un enorme complejo de apartamentos de color verde con sus oscuros balcones y sus oscuras ventanas. Al pasar por la panadería, Iker me dijo: -¿La viste? -Siza. -¿Y qué? -Nada. -¿Nada? -Me salió con un cuento raro. Le propuse que se fuera conmigo y me dijo que no la dejaban salir. Que estaba esperando un cliente, que tal. -¿No había otras? -Sí pero, nombe, las otras están fuleras. Yo me voy es a dormir. Nos pillamos, man. -Dale pues. Crucé la oscura y solitaria avenida, llegué a mi barrio, caminé hasta la entrada de mi conjunto. El portero había cerrado con llave la reja, estaba durmiendo en la garita; pero al sentirme se levantó y me abrió. Ya en el bloque caminé por el pasillo interior del primer piso, iluminado por las tenues luces amarillas de las farolas, en medio de un silencio y una quietud totales. Subí los escalones, llegué al cuarto piso, ante mi puerta saqué la llave del bolsillo y, a pesar de la oscuridad en la entrada, la introduje a la primera en el ojo de la cerradura. Abrí, entré, cerré la puerta. Pasé a mi cuarto, prendí el foco y el abanico y abrí la ventana; me quité la ropa. Fui al baño, me lavé los pies, los dientes. Regresé al cuarto, agarré El asno de oro, leí ...