1. Memorias de África (XI)


    Fecha: 07/08/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Carmen Van Der Does, Fuente: CuentoRelatos

    ... para volver a bombear y arremeter. Yo estaba flácida, no tenía fuerzas. Estaba completamente recostada sobre su pecho y sentía el bamboleo de mis pechos con cada bombeo de Samsung. Más gritos, más jadeos, más placer. Uno de los hombres se acercó y situándose frente a mí, ensartó su polla en mi vagina. Las arremetidas de ambos hombres no estaban coordinadas, pero si en algún instante lo conseguían, el placer era infinito al sentir dos miembros meterse en mí con esa intensidad. La sensación de ingravidez por el cansancio y el hecho de no poderme mover, hacía el placer más intenso. Nos corrimos a la vez. Esta vez no hubo tanto semen, pero acabé igualmente mojada e inundada. Tenía el corazón a mil por hora, y por supuesto ni fuerzas para levantarme. Cuando pude ver al resto del grupo, estaban todos igual. No pude ver como follaban a Lila, o cómo Aifon se corría de alguna manera, estuve totalmente entregada a lo mío, pero intuyo que debió ser igualmente placentero y extenuante, porque estaban jadeando boca arriba. Cuando los hombres lo creyeron oportuno, recogimos todo y regresamos al poblado. Que poco me imaginaba yo que iba a ser la última vez que tomaría aquél camino y vería por última aquella playa.
    
    Llevábamos un tiempo caminando, cuando de repente los hombres que iban al principio del grupo se pararon. Se agacharon y nos obligaron a las mujeres a hacer lo mismo. a lo lejos entre unas ramas pude ver a un grupo de hombres. Iban vestidos y con mochilas, y hablaban en ...
    ... perfecto inglés. El corazón me dio un salto y justo cuando me iba a poner de pie para gritarles que estaba allí, unos brazos me sujetaron con una fuerza inusitada, al mismo tiempo que una mano me tapó la boca. Esperamos agachados hasta que pasó un largo rato. Cuando comprobaron que no había peligro, corrieron llevándome a rastras.
    
    Aquella noche casi no dormí, había visto gente normal por aquellas tierras, ¿me estarían buscando?, ¿sería el equipo de producción del National Geografic buscando exteriores?, lo que quiera que fuese me quitó el sueño y me despertó el deseo dormido de irme de allí. Al día siguiente los hombres estaban nerviosos, el poblado entero sabía que hombres extraños estaban por allí. Se me pasó por la cabeza la estúpida idea de que si nos volvíamos a encontrar, no era plan de que me vieran con un taparrabo, por lo que ese día, como si fuera un presentimiento, me vestí con mis gastadas ropas. Como intentando acelerar un posible encuentro con aquella gente, acompañé a las chicas al riachuelo a buscar agua. Si aquellos hombres habían visto algún programa “El Último Superviviente” de Bear Grills, merodearían por el río para tener agua cerca. Me coloqué en el sitio más despejado a posta, quería ser vista y que me sacaran de allí, pero por desgracia para mí no fue así. Las chicas volvieron antes de lo que acostumbraban supongo que advertidas por los hombres de la tribu. Lo volví a intentar el día después con igual suerte, hasta que el tercer día en el silencio de la ...