Lo difícil de ser una madre putona
Fecha: 27/08/2025,
Categorías:
Incesto
Tus Relatos
Autor: Soo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Mi nombre es Silvia, tengo 40 años, chichona, piernona y sobre todo con un culote, tengo un hijo de 18 años, Yair, alto, cuerpo atlético y con una buena verga de 19 cm.
Desde morrita me desarrollé muy voluptuosa, consciente de mi cuerpo, siempre he sido una provocadora de hombres, una puta, incluso era las más rolada de la prepa, me ensartaron muchos morros.
Posteriormente me embarace, al principio el padre estaba comprometido, pero nos terminó abandonando, por ende intenté encontrar trabajos, pero ninguno era bien pagado o me daba estabilidad económica, entonces por cosas de la vida tuve que vender mi cuerpo para poder salir adelante con mi hijo.
Cuando empecé a prostituirme mi hijo era un adolescente (15 años), yo quería que no se enterara de lo que hacía para poder mantenernos, al principio lo intenté, pero por motivos del oficio, me empecé a vestir más putona. Empecé a usar escotes lascivos que hasta me apretaban las chichotas que tengo, minifaldas con tacones que mostraban mis piernotas y licras que me marcaban mis nalgotas.
Mi hijo, como buen adolescente calenturiento, notó enseguida este cambio, noté como me miraba de forma lasciva e intentaba ocultar sus erecciones.
Había veces que andaba bien peda mientras trabajaba. En una ocasión de lo peda que estaba llevé a un cliente a mi casa, si, con mi hijo allí. Cogimos como animales pero mi hijo solo escucho como me cogían, para ver posteriormente cómo salía de la casa mi cliente.
Yo me arrepentí al día ...
... siguiente y me di cuenta del error que había cometido, mi hijo nunca mencionó nada, pero me veía diferente. Me prometí que no lo volvería hacer, pero que valen mis promesas…
Entre tantas veces peda, o drogada (si, muchos clientes lo llegaban a hacer) rompí mi promesa, comencé a llegar con clientes a mi casa y mi hijo solo escuchaba como su madre tenía sexo, y veía salir a un hombre diferente cada día, incluso a varios, pues hacía tríos.
Cada mañana siguiente me lamentaba como la primera vez, a veces ni yo podía verlo a los ojos, él tampoco decía nada, solo se quedaba callado, probablemente tratando de comprender por qué lo hacía, desde entonces la actitud de mi hijo cambió, era más serio, me miraba de forma intensa y con el tiempo mis tangas empezaron a desaparecer y reaparecían en el cesto de ropa sucia llenas de semen.
Pasaron años y seguía haciendo lo mismo, poco a poco mi hijo se acostumbró a ver hombres entrar y salir por la noche de la casa, se acostumbró a escuchar como me follaban, se acostumbró a verme explícitamente cogiendo, si a su madre siendo follada hasta por varios hombres.
Una noche entre peda, drogada y excitada, me hacían una doble penetración mientras mi hijo ya de unos 17 años, se masturbaba completamente desnudo detrás de la puerta de mi cuarto entreabierta, se la jalaba hasta correrse. Esto se convirtió en rutina, mientras yo atendía a mis clientes mi hijo se masturbaba diariamente detrás de la puerta, a veces sesiones de hasta dos horas él ...