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Compañeros - Capítulo 28: El final
Fecha: 16/09/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... a asentarse en su mente. Carlota terminó de ponerse su abrigo y se pasó los dedos por el pelo para recomponerse un poco. Miguel se acercó para ayudarle a ajustar el cuello de la prenda, un gesto sencillo pero cargado de cariño. Ella levantó la vista, sus ojos brillando con lágrimas contenidas. —No llores… —pidió Miguel en un susurro, acariciándole la mejilla con el pulgar. Carlota negó con la cabeza, esbozando una sonrisa trémula—. No… estoy bien. Solo… no sé cuándo volveré a verte. Miguel sintió un nudo—. Supongo que esto es un adiós otra vez, ¿no? —Sí… —susurró ella, bajando la mirada un instante—. Pero al menos esta vez es… un adiós bonito. Miguel no pudo evitar sonreír con tristeza. Asintió ligeramente y envolvió a Carlota en un último abrazo. Ella correspondió, rodeándolo con fuerza como si quisiera fundirse en él y quedarse ahí. Permanecieron así varios segundos, memorizando la sensación del uno en brazos del otro. Finalmente, Carlota se separó lo suficiente para buscar los labios de Miguel una vez más. Se besaron lentamente, con dulzura y melancolía. Un beso de despedida que supo a lágrimas y a amor y a despedida todo junto. Cuando se apartaron, ambos estaban al borde del llanto pero a la vez en paz. —Adiós, Miguel —dijo Carlota en un hilo de voz, acariciándole la mejilla por última vez. —Adiós, Carlota —respondió él, tragando el dolor. Carlota se dio la vuelta y caminó hacia la puerta. Miguel la siguió hasta el umbral. Abrió la puerta ...
... por ella y Carlota salió al pasillo. Antes de irse, echó una última mirada a Miguel con una pequeña sonrisa cargada de nostalgia. Él le devolvió la sonrisa, alzando una mano en gesto de despedida silenciosa. Entonces, Carlota se marchó. Miguel cerró la puerta muy despacio tras de sí, apoyando luego la frente en la madera mientras cerraba los ojos. Sentía el corazón encogido pero extrañamente ligero a la vez. Aquello había sido un final que ambos necesitaban. Minutos después, Miguel se recompuso. Tenía que volver con Luis y Marta, y pronto tomar su tren a Oviedo. Se aseguró de que todo en el piso quedara como antes y salió también, con las llaves en mano para devolvérselas a su amigo. Al bajar a la calle, el aire frío de diciembre le golpeó el rostro. Inspiró hondo, sintiendo aún en su piel el rastro de Carlota, en su boca el eco de sus besos, y en su alma la certeza de que esa había sido la última página de aquella intensa historia que vivieron juntos. Con paso firme, Miguel avanzó por la acera, listo para enfrentar el futuro con el cierre de ese capítulo finalmente escrito. Así concluía la saga de Miguel, Luis, Carlota y sus amigos: un viaje lleno de descubrimientos sexuales, amistad inquebrantable y pasiones que ardieron brillantes. Cada uno seguiría su camino, llevando consigo los recuerdos de aquellos años irrepetibles que los marcaron para siempre. Era el final de esta aventura erótica y emocional que, aunque terminaba allí, viviría por siempre en su memoria.